Manu Chao y su arrollador paso por Mendoza

El músico franco-español brindó este domingo un recital magnífico de más de dos horas y media junto a Radio Bemba en el Estadio Andes Talleres. Un show tan poderoso como intenso que quedará en la memoria de 7 mil personas que estuvieron presentes. Mirá la galería de imágenes.

La música impactó al público mendocino. Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
La música impactó al público mendocino. Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

Los minutos parecen agitarse en los relojes con la misma ansiedad con la que 7 mil personas esperan su llegada en el Estadio Andes Talleres. Las 21.00: Eduardo, de La Colifata, recibe los primeros chiflidos emocionados de la expectante multitud.

Manu dice que en 20 minutos sale, lanza desde el micrófono central y la masa responde con furiosos aplausos. Seis minutos más tarde de lo anunciado (21.26), promesa cumplida, Manu Chao entra al escenario y se queda por más de dos horas y media para dar vida a un show furioso, intenso, arrollador.

¡Suena Mendoza!, avisa enérgico; e imparable, junto a una extraordinaria Radio Bemba, el músico franco-español emprende un apasionado periplo clandestino que recorre, principalmente, sus tres últimos discos: "Clandestino", "Próxima Estación: Esperanza" y "La Radiolina". La multitud, agradecida, agita brazos, salta, corea, y retiene en las pupilas rojas de de sus celulares y máquinas de fotos, cada una de las estaciones de arribo.

Con esa admirable y contagiosa energía con la que sostiene sus recitales, Manu -el incansable- suelta en el aire “El hoyo”, e inmediatamente llegan “Peligro”, una versión del clásico “Me gustas tú”, y las explicaciones: Disculpas por la demora, había mucha gente afuera. Siguen, sin respiro, "Bienvenida a Tijuana" y "El viento", y la muchedumbre festeja -¡cómo no hacerlo!-.

Metros más adelante, el protagonismo recae sobre dos integrantes de Radio Bemba: Gambeat y Madjid Fahem -ambos, showmen indiscutibles-. El gigante francés lleno de tatuajes sorprende, pese a defectos en el sonido, con una sesión de beat box; y a su turno, el guitarrista sonríe, empuña la gastada guitarra de su padre y sin ahorrar virtuosismo sus hábiles dedos gitanos tejen "Clandestino", "Desaparecido" y "Minha galera".

La aldea se tranquiliza al escuchar los versos en portugués (o minha mi niña/ minha querida/ minha Valeria), pero vuelve a alborotarse, entusiasmada, con "La rumba de Barcelona"  (y su debida advertencia: ya llegó, ya llegó, lo peor de la rumba).

Con "La despedida" regresa la calma y "Luna y Sol",  "La vacaloca" y "Tristeza maleza", marcan que el final aparentemente está cerca. 

Manu Chao dedica el próximo tema: A todos aquellos que perdieron la ilusión: Próxima Estación: Esperanza. El estadio explota, una vez más, y las voces alardean: pase lo que pase/ sea lo que sea/ próxima estación: esperanza. La frase cobra fuerza en la garganta Manu Chao (pase lo que pase/ sea lo que sea/ a tú manera), este es su principal mensaje.

La arrolladora trouppe de músicos avisa: Radio Bemba se despide y entonces suenan "Machine Gun", una agitadísima versión de "Volver, volver" -un compromiso que sella el cantante con Mendoza y que dedicó al pueblo mexicano- y "El Dorado".

La marea humana pide a gritos un bis. El ex Mano Negra, fiel devoto de su público, lo complace. Vuelve una, dos, tres, cuatro, cinco, ¡seis veces! y entrega su música tan feliz como desinteresadamente.

Los últimos tramos del viaje los encabeza Philip Teboul, el percusionista, quien moviliza a la platea con una canción gipsy. Después, los parlantes son atravesados por "Mala vida", "Si me das a elegir", "Mi vida", "La vida es una tómbola" y, otra vez, "El hoyo". Pero antes, Manu Chao recuerda a sus amigos: Un saludo para el Bº La Gloria, dice antes de cantar el difundido corte que escribió para "El Diego".

Con la misma fuerza que el primero llega el último tema: una canción en francés, dedicada a los políticos mentirosos. Las 7 mil bocas entonan repetidos uoioio, uoioio hasta que ya nadie queda sobre el escenario, se resisten a creer que el viaje terminó (pero sólo por ahora).