Los premios Oscar, un refugio para la crisis

Si se tiene en cuenta que el cine de Hollywood floreció siempre con las crisis económicas y en las guerras -para permitirle al espectador escapar de sus grises y frágiles existencias-, no es raro que en la actualidad sea transformado de vuelta un búnker.

Lo que sucederá el domingo en el Kodak Theatre de Los Angeles, en la81º entrega de los Oscar es algo ya conocido y al mismo tiempo enigmático hasta que se abran los sobres, en una ceremonia cuya banalidad atrae a la mayor parte del planeta.

Es también la oportunidad de ver -aunque no tocar- a las celebridades que recorren la red carpet fuera de sus personajes y son entrevistadas por movileros deluxe que los hacen hablar siempre de sí mismos y, en todo caso, de sus trajes y vestidos diseñados por carísimos expertos.

Si se tiene en cuenta que el cine de Hollywood floreció siempre con las crisis económicas y en las guerras -para permitirle al espectador escapar de sus grises y frágiles existencias-, no es raro que en la actualidad sea transformado de vuelta un refugio.

Como en otras oportunidades, filmes recientes como "El día que la Tierra se detuvo", de Scott Derrickson, o "Soy leyenda", de Francis Lawrence, dos remakes de producciones de la época de Corea, parecieron anunciar que algo se estaba gestando (aunque ahora en el propio seno del Imperio).

Es posible que esas películas agoreras sean sustituidas, como antaño, por títulos divertidos, hogareños, de superación y optimismo, que permitan olvidar las penurias de la vida diaria, aunque ahora ya no sea necesaria ingresar a un templo del cine para conjurar la suerte.

Lo cual no es una buena noticia para los aficionados al cine de calidad, en general desatentos a lo que pase con el Oscar; y quizá sea una oportunidad para las pantallas nacionales para afinar la puntería y ocupar el sitio que la gran industria les niega.