AC/DC en Argentina: larga vida al rock and roll

La banda australiana se presentó durante tres noches en el estadio de River y ofreció una propuesta magnífica, digna de una gran banda de rock que sabe mucho de esto. MDZ estuvo allí y te cuenta todo.

El éxito persistente de la banda.
El éxito persistente de la banda.

Eran sesenta mil personas. Un río de gente que caminaba por Udaondo y por Figueroa Alcorta.

Todos tenían el mismo objetivo: entrar al estadio Monumental para disfrutar de uno de los shows más esperados de los últimos años en la Argentina.

Es que AC/DC tiene el raro privilegio de ser amado en este país, como los Rolling Stones o como Ramones. Vaya a saber uno porque pasa eso pero los cinco veteranos son verdaderos ídolos de multitudes por estos lares.

Logicamente, su música los ha posicionado es ese pedestal, de cual ya nunca más serán bajados. Pero hay algo más….

AC/DC es una banda de rock and roll muy poderosa. Sus canciones no tienen secretos, ni rebusques musicales. Son palo y a la bolsa. Y en vivo, eso paga doble porque el que los va a ver, a disfrutar, se va reconfortado, pleno de música.

A nadie le sorprende que cuatro horas antes del show, el estadio esté lleno, repleto. Y así, Héroes del asfalto (liderados por Michel Peyronel, aquel legendario baterista de Riff) y Las Pelotas (al principio resistidos, después aplaudidos) actuaron con una multitud atenta a sus canciones.

Entonces, todo quedó para que Brian Johnson y sus muchachos hicieran delirar a la multitud.

El show es impactante. El inicio es brutal, con efectos, un video brillante y una locomotora incrustándose en medio del escenario para que con “Rock and roll train” se desatara la furia musical.

Ahora, si para empezar meten una locomotora en el escenario, ¿qué quedaba para después? Quedaba mucha música, puro rock y del bueno, con cinco cincuentones formidables, precisos, elegantes y sucios a la vez, llenos de mañas y poses, llenos de canciones cuadradas y hiteras, llenos de vida.

El show duró dos horas exactas. Empezó puntualmente a las 21 y terminó en medio de salvas de cañones y fuegos artificiales a las 23, en punto. Entonces, al mirar a las caras de los que estaban allí había una mezcla de felicidad, asombro y gusto.



Es que ver a Angus Young en vivo es un placer si igual. El hombrecito hace su famoso paso de pato, bailecitos, se contorsiona con su guitarra que es una extremidad más, hace solos con una mano, saluda y canta. Disfruta a más no poder. Y contagia, como contagia Brian Johnson, un viejo laburante de los escenarios que ya no quiere saber más nada con su trabajo y anunció que esta es su última gira.

Y más atrás, Malcolm Young (guitarra), Cliff Williams (bajo) y Phil Rudd (batería) le dan vida a esa maquinaria arrasadora que no deja a nadie quiero.

Angus, ese pequeño gran hombre de pantalones cortos, capta todas las miradas. Con himnos rockeros como Thunderstruck, Shoot To Thrill o You Shook Me All Night Long, con el ritmo arrastrado y stripper de The Jack o Hells Bells para terminar con Highway to hell y algunos más.

Las caras al final son increíbles. Todos caminan cuadras y cuadras con una sonrisa en la cara y tratando de poner bien a resguardo algún pedacito de ese show que conmovió a más de 150 mil personas en la Argentina.

Para el final, un detalle: todavía hay quienes no entienden que 194 pibes murieron quemados por una bengala. Y siguen insistiendo...