La plaza Independencia, un mega auditorio a cielo abierto. Allí, cerca de 5.000 mendocinos vibraron al compás de El tango es nuestro, el espectáculo que reunió sobre el escenario a la Orquesta Sinfónica de UNCuyo, bajo la batuta de José Carli, y a tres exquisitos referentes del género: Hugo Rivas, Luis Salinas y el maestro Rubén Juárez.
A través del concierto, Mendoza celebró el Día Nacional del Tango y se sumó a los festejos simultáneos organizados por al secretaría de Cultura de Nación en distintos puntos del país (concretamente, en Buenos Aires, Ushuaia, Formosa, Salta) y que contaron con la presencia de renombrados artistas (por sólo citar algunos: Nelly Omar, Adriana Varela, Juan Carlos Copes, la Selección Nacional de Tango, la Orquesta Juan de Dios Filiberto, Soledad Villamil, Rodolfo Mederos, Lidia Borda y Guillermo Fernández).
En este costado del país, la velada comenzó pasadas las 21 con el ingreso al escenario de los músicos anfitriones. Bajo la batuta del maestro José Carli, la formación orquestal de la universidad ofreció un variado repertorio que discurrió por distintas aristas tangueras y que fue celebrado con los aplausos de la multitud.
La OSUNCuyo inauguró la velada.
Interpretó piezas de Gardel y Lepera (Mi Buenos Aires querido, Golondrinas, Amores de estudiante y Cuesta abajo), clásicos del inigualable Astor Piazzolla (Decaríssimo, Tanti anni prima, Adiós Nonino y Fuga y misterio), de Julio De Caro (Tierra querida, Guardia vieja y Boedo) y de Mariano Mores (El Firulete, una interesante versión con arreglos de vientos). También, A punta y taco, obra escrita y compuesta por el maestro Carli. A fuego lento, de Horacio Salgán, materializó un bis pedido por el público.
Cerca de las 23, el tañido de la guitarra de Hugo Rivas anunció la llegada del segundo segmento, que inauguró con la bellísima Nostalgias. Luego se sumó el eximio Luis Salinas, para interpretar a dúo con Rivas Nunca tuvo novio, de Enrique Cadícamo y un ovacionado Silbando, de José González Castillo.
El bandoneón de Rubén Juárez en primer plano.
A continuación hizo su esperada aparición Rubén Juárez. Bandoneón a cuestas, el maestro Juárez completó el trío y sonó Danzarín, el primero de una larga lista de tangos que los tres músicos despuntarían hasta cerca de la medianoche obteniendo como reconocimiento la ovación y los merecidísimos aplausos del público.
Un corte y una quebrada
Cortes, ochos, firuletes. El baile también tuvo protagonismo en la celebración popular. Atentos a la gran cantidad de adeptos que congrega la danza del abrazo, los organizadores locales del concierto (la municipalidad de Capital, la UNCuyo y la productora Tango Inc) crearon, bajo el escenario, un espacio para que florezca la milonga.
Sin embargo, algunos prefirieron otros rincones de la plaza para trazar pasos en el suelo. Este fue el caso de Juan Gutiérrez y de Angélica Contreras, que bailaron al ritmo del 2x4 que marcó la orquesta en el tango El Firulete.