No hay hinchas de Boca alrededor. O si los hay, caminan ensimismados, tratando de evitar levantar la perdiz, como quienes lograron entrar a una fiesta sin invitación.
Y si efectivamente los hay, avanzan esquivando a los punteros de cinco agrupaciones distintas que no paran de entregar folletos partidarios, y a las decenas de personas que acampan en los márgenes de Figueroa Alcorta al 7500 luciendo camisetas, gorros, llaveros, vinchas, vasitos, ¿calzoncillos? y cuanto al lector se le ocurra, teñidos de los colores rojo y blanco.
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