El desafío arrancó el año pasado, cuando unos soñadores se animaron a poner en escena un musical conocido en todo el mundo, basado en las canciones de Pink Floyd, más precisamente con la obra "The Wall".
Si bien la anterior presentación fue muy buena, al decidir repetirlo, la empresa mendocina encargada de llevarlo a cabo puso más fichas en la apuesta y lo que ofreció el viernes por la noche fue superlativo.
Así lo entendió el público que colmó la sala -2.000 personas- y que coronó la obra aplaudiendo de pie.
Es que sencillamente todo lo que se presentó fue espectacular. Desde la impecable puesta en escena, pasando por los efectos hasta el tremendo despliegue de sonido y luces.
Desde luego que la presencia de The End -célebre banda tributo porteña, con varios pergaminos a cuestas- fue más que importante para que esto sucediera. Pero nada hubiese sido igual sin la cautivante actuación de Gorgui Moffatt, cantante y frontman del grupo. Brillante desde todos los puntos de vista, tanto de la interpretación vocal que permitió crear climas atrapantes hasta la actuación que lo llevó a raparse en vivo, en pleno show siguiendo con la línea argumental del espectáculo.
Así, durante dos horas el escenario del Bustelo se fue tapando con un gigantesco muro que terminó siendo derrumbado a fuerza de buenas canciones.
Pero en la línea del esfuerzo de producción hay que destacarla en todo momento, porque se pudo contar con un coro de niños, con alumnos secundarios actuando, con un cuarteto de cuerdas, con arlequines y figurantes en momentos claves del show y hasta con la presencia de la banda de la Policía de Mendoza, justo cuando era necesario.
Si a eso se le suman los brillantes acordes creados por Roger Waters para la obra, se puede decir que la noche estaba completa.
The End tiene una diferencia con el resto de las bandas de su estilo y es la contundencia musical. Siempre sonaron fuertes, ajustados, precisos y recrearon un disco de la mejor manera, pero fuerte, llevando al espectador a un clima especial. Y dentro de ese esquema bien pensado Moffatt descolla porque actúa, canta, simula y se entrega de tal manera que atrapa sin condicionamientos.
En síntesis, un fuerte aplauso para este emprendimiento local, lleno de elegancias y certezas, que permite apostar a los siguientes trabajos sabiendo que habrá calidad y profesionalismo, como el que se vivió en la noche del viernes en el Auditorio Angel Bustelo.