Desde el 28 de septiembre, Celeste Cid (25) duerme en la habitación 801 del Instituto Fleni.
Una sala común –no de cuidados intensivos, como se dijo, pero VIP al fin–, atendida por los más prestigiosos especialistas del cuerpo médico del sanatorio.
Lejos de su computadora, los discos de Joni Mitchell, sus Barbies, las muñequitas de porcelana china y la iconografía religiosa que decoran su casa de Barrio Norte, que hoy está en silencio, vacía.
Así arranca la nota que esta semana publica la revista Gente. Si querés leer más, hacé click acá.