Madonna festeja hoy sus 50 años de edad

La cantante y actriz norteamericana celebrará hoy en Inglaterra sus 50 años, cinco días antes de comenzar su gira mundial en Cardiff. La considerada "diva del pop", según el libro Guinnes es la artista mujer más exitosa de todos los tiempos.

“M–dolla”, dice el anillo que lleva en su mano izquierda, sobre fondo rosa chicle en la portada de Hard Candy. Madame Dólar, chica material devenida en gurú virtual para una generación que la consume como caramelo masticable y la denominación es una nueva provocación. Si hay algo que demostró la dama es que para lucir su lustre de ícono no alcanza con obtener ventas récord y ganarle a Elvis en todos los rankings. Para ser Madonna hay que creérsela contra viento y marea, obedecer todas las reglas y después prenderles fuego.

Piensa, luego triunfa, su juego fue exprimirse y tomar de su propio elixir, zamarrear tabúes y demostrar que cualquiera puede hacerlo pero que nadie lo hace tan bien como ella. A los 50, la señora surfea con los laureles que consiguió con una voz común, sin demasiados talentos escénicos, muchas menos canciones iluminadas que variaciones jingleras y el brillo de sociedades estratégicas con productores, compositores y publicistas clave en la industria.

En las bases, hordas de adolescentes que le copiaron el gesto desafiante y crecieron mirando de reojo las opciones de la diva. Después, sus hijas, que siguen buscando en la nueva generación de artistas la provocación punk que devolvió digerida y empaquetada la chica material. Para ellas también su canción She’s Not Me, recomendación para no comprar imitaciones, dedicada con puntería a Gwen, Britney y Christina. El círculo se retroalimenta y Madonna se acredita las utilidades. Su primer acierto: anotar su nombre como marca registrada en 1979.

Todos a ella. Pasos inteligentes y veloces, el mapa de su reinado en el pop tiene el perímetro de un plan maestro y asociaciones sagaces con los mejores. Desde Nile Rodgers, cofundador de Chic y figura clave en la vanguardia de la industria en los primeros ’80, con el que se alió para Like a Virgin, a Patrick Leonard (Pink Floyd, Rod Stewart), con quien concibió True Blue y volvió a reencontrarse en veta orientalista para Ray of Light (William Orbit). Para sus últimos mejores años, Madonna adelantó casilleros con la convocatoria a Stuart Price para Confessions On A Dance Floor, prodigio que propulsó su estela pop a la repisa de las exquisiteces. Amigos en las buenas, Timbaland y Timberlake aparecieron para Hard Candy y el encuentro dejó sabor a piloto automático. No hubo riesgos pero tampoco sorpresas. Madonna en planeador histeriquea con su propia fachada de mercancía sofisticada.

Madonna Inc. De su disco de crítica a la sociedad de consumo (American Life), aprendió que no se muerde a la mano que alimenta y enfocó la misión a salvar el mundo, adoptar un huérfano de Malaui y diversificar los frentes creativos como directora, escritora y promotora de la cábala como fuente de sabiduría. Ampliado el quiosco al infinito, la señora Ritchie, que alguna vez cuestionó la intimidad sagrada y publicó libro y película sobre sus opciones sexuales, cerró el acceso de sus hijos a la televisión mientras la alimentaba de clips y se entrenó en usos y costumbres de aristócrata británica.

Carnes magras. De incoherencias vive el hombre y en la letra chica de sus provocaciones al Vaticano, Bush, la voracidad consumista y la Santísima Trinidad, Madonna mantiene con lo establecido las alianzas que hagan falta, como cantar en una fiesta privada para magnates por 12 millones de petrodólares. Y además dice que quiere dominar el mundo, la frase favorita de los villanos, pero que en su boca suena a fantasía triple X. Vigoréxica como se la ve por estos días y con los rumores de anorexia que la persiguen, “Sticky and Sweet” (nombre de su gira) no afina con su credo macrobiótico, aunque la imaginería pop la haya adoptado como golosina imperecedera.

La mujer más famosa del mundo. Cuenta en su propia leyenda que aprendió a tocar la guitarra en el sótano de una sinagoga, y que allí también escribió su primera canción, Tell The Truth. Desde entonces se sintió poseída por una especie de magia que todavía la acompaña. Magia o fama, en su caso es lo mismo y con ambas (ayudada por talentos con menos sed de protagonismo) construyó un imperio que la sobrevivirá por varias generaciones. Así funciona el pop y hubo un tiempo en el que ella aportó vértigo al mecanismo, aterrorizó entrevistadores y marcó territorio rebelde en continente domesticado. Ahora cambia el contrato con Warner por otro con Live Nation Inc., una única promotora para todos sus diversos productos.

Sadomaso. Cuando pudo sentirse amenazada por el vigor de Britney, prefirió darle un beso, abrirle la puerta y mirarla caer sin ensuciarse ni la punta del guante. Ahora la rescata del abismo con el video que proyectará en su gira cuando cante Human Nature. Britney será la joven que enloquece encerrada en un ascensor, mientras Madonna canta “no soy tu zorra”. De hembra dominante con látigo y corpiño hostil, a la mártir que se inmola en una cruz de espejos por la infancia africana, su estampa recorre un espectro antojadizo y voluble, que sólo conserva en común el goce exhibicionista en cada mutación de envoltorio.