Puntual, como es costumbre en este tipo de propuestas escénicas, comenzó anoche "Con alma y vida", la velada de danza que tuvo como protagonista al joven bailarín Juan Pablo Ledo.
La primer figura del Teatro Colón, quien en esta oportunidad se presentó junto a Karina Olmedo -una compañera de lujo- y el Ballet de Cámara, brindó sobre el escenario del Independencia un espectáculo que, con un repertorio mixto, gratificó plenamente al público mendocino.
El programa incluyó piezas de ballet como “La Bayadera” (Primer Acto) con música de L. Minkus y coreografía de Gabriela Perkins según Marius Petipa; “Espartaco” (adaggio), con música de A. Kachaturian y “Corsario” (pas de deux), con música de Adolphe Adam y coreografía de Jules Perrot. Pero también “Gopak” que, con música de S. Rachmaninow, fue interpretado por un aplaudido Martín Torres.
Este segmento de danza clásica estuvo signado por la calidad interpretativa de Ledo y Olmedo, quienes supieron encontrar los matices dramáticos apropiados para cada uno de los roles a los que dieron vida pero también por el virtuosismo de ambos, que encontró su cauce en sus ajustados saltos y piruetas.
El momento contemporáneo llegó con “Singularidad” (una coreografía grupal en la que el cuerpo del ballet, con algunos errores de precisión, se mostró deslucido) y con fragmentos de la obra “Buenos Aires respira Tango”, cuya composición coreográfica es del propio Ledo.
Sin dudas este fue el punto más fuerte de la propuesta porque ahondó en el sentir de la música ciudadana y especialmente de un gran compositor contemporáneo, Astor Piazzolla –y ello es entrar en arenas movedizas-. Pero Ledo supo salir airoso de este desafío y logró volcar en movimiento aquello que nutre las piezas del célebre bandoneonista.
Tal es así, que en los 5 cuadros musicalizados con tangos de Piazzolla (“Calambre”, “Invierno porteño”, “Adiós Nonino”, “Muerte del Ángel” y “Fugata”) los cuerpos transformaron en danza la pasión, el dolor, la angustia y la frustración que estas composiciones llevan consigo como un sello indeleble. El mejor ejemplo para el caso es “Invierno porteño”, solo en el que Ledo transmitió, a través de su ductilidad expresiva, todos estos matices que pueden teñir al alma humana; y “Adiós Nonino”, en dúo con Karina Olmedo.
“Tango a Pugliese”, con música de Roberto Álvarez, “Quejas de Bandoneón”, con música de Juan Dios de Filiberto, y “Bailonga”, con música del Sexteto Mayor completaron una obra cuyo final fue coronado con los fervientes y sostenidos aplausos y bravos de los espectadores.
Juan Pablo Ledo gratificó al público mendocino
La primera figura del Teatro Colón se presentó ayer junto al Ballet de Cámara recibiendo el aplauso permanente del público que se dio cita en el Independencia. Un programa mixto, que incluyó repertorio clásico y neoclásico, interpretado con mucho talento.