Hay un nuevo Cabezones como así también hay un nuevo César Andino. Sin dudas, aquel fatídico accidente automovilístico que sufrió junto a Gabriel Ruiz Díaz marcó la vida del artista y de su banda.
Después de diez años intensos de trabajo, de trepar la cuesta, los cuatro socios de Andino decidieron irse del grupo. Se vino la noche y había que afrontar todo lo que se venía, entre ello un nuevo disco de estudio, por el que ya se había firmado un contrato. Entonces, Andino hizo de tripas corazón y decidió tomar el toro por las astas. A sus múltiples operaciones –producto de las fracturas en las piernas que sufrió en el accidente- se le sumó la necesidad de volver a reunir un grupo de músicos para seguir adelante con el proyecto. Y lo que a muchos hubiera asustado, a Andino lo envalentó y acá está, en Mendoza, presentando “Solo” –nunca un título de un disco estuvo mejor puesto- junto a la nueva formación de Cabezones.
La posibilidad de verlos en vivo será esta noche en el Cacano Bar, frente a la plaza de Chacras de Coria, pero antes de este toque, estuvo junto a MDZ hablando de todo.
-Imagino que cada vez que pisás el escenario debés vivir de manera intensa el momento.
-Más que nada es un placer. Me gusta mucho estar ahí arriba y te diría que es lo único que me da fuerzas para seguir para adelante. Uno va teniendo miedos, como el tener que volver cada tanto al hospital, pero esos miedos se van superando de a poco. Es muy fuerte estar arriba del escenario y eso se transforma en algo importante.
-¿Cómo está Cabezones ahora?
-Es un momento diferente, distinto. Tenemos una carrera que es importante, con un nombre establecido y por el hecho de que los chicos con los que me inicié no toquen más no es algo que me tire para atrás.
-¿Te pusiste mal cuando te avisaron que se iban del grupo?
-Por momentos me puse muy triste pero me pareció lo más honesto. No nos llevábamos bien y había muchas discusiones entre nosotros, casi sin sentido. El proceso creativo se interrumpió por estas peleas y lo mejor fue que ellos decidieran dar un paso al costado, hacer su música aparte. Al principio fue un bajón pero sentí que tenía que seguir porque el grupo lo formé yo, el nombre es mío y todas las canciones las compuse yo.
-¿Y cuál es la realidad del grupo ahora?
-Somos más. Siempre tuve en mi mente la idea de hacer un sexteto y ahora se dio. Hay dos guitarras y un teclado, cosa que está muy buena para la banda. Manuel Sigone toca la batería, Natas el bajo, Pablo Negri y Pablo León son los guitarristas y Diego Longo en teclados. La idea de tener un tecladista es porque el nuevo disco tiene muchas teclas y además reformé los temas de la época anterior de la banda y ahora suenan distinto.
-Es todo un desafío…
-Desde luego. Creo que hay varias cosas importantes en estos momentos y una, sin dudas, es poder encontrarme con los fans después de tres años. El volver a estar con esa gente que siempre nos bancó fue muy importante. Hace mucho tiempo que estaba esperando volver a colgarme una guitarra, volver a escuchar un sonido bien fuerte… Hice esfuerzos muy grandes, como grabar un disco completo yo solo.
-¿Cómo te sentís cuando –en el escenario- mirás para atrás y ves caras distintas?
-Raro. No es la situación más agradable pero de inmediato me aparece otra imagen y es la de los chicos nuevos y cuando veo todo el esfuerzo que hacen me cambia inmediatamente la cara. Se está invirtiendo mucho tiempo porque hay que aprender los temas de nuevo, tienen que volver a sonar y todo ese trabajo es una mezcla de fortaleza y esperanza. Estamos ante una situación muy difícil porque antes el grupo tenía diez años de vida y ahora tiene tan sólo tres shows. Hay una gran diferencia.
-Personalmente, ¿cómo te sentís?
-Muy feliz. Hacía mucho tiempo que no estaba feliz porque no tocaba, no podía subirme a un escenario, porque me quedé sin grupo, porque mis actuaciones se habían convertido en un trabajo, porque había discusiones constantes. Ahora no hay nada de eso; sólo ganas de disfrutar de la música y la vida.
-Antes de tu accidente, Cabezones estaba empezando a mostrarse como un grupo diferente al resto por su propuesta. Ahora, con estos cambios, ¿vas a tener que buscar un nuevo sonido?
-Creo que sí. Primero tengo que destacar que estoy muy orgulloso de todo lo que hice con los chicos en la etapa anterior, porque fuimos cuatro personas que salieron de Santa Fe y lograron todo lo que se propusieron. Ahora es otro momento, ideal para empezar con nuevos desafíos como el empezar a tocar en lugares más chicos, más íntimos, donde haya más contacto de la banda con su público y donde cada show sea una nuevo reto. Antes buscaba la canción perfecta y ahora no estoy tan preocupado por eso.
-¿Por qué optaste por seguir usando el nombre “Cabezones”?
-Porque el nombre lo puse yo y las canciones son mías. Me parecía que hice mucho esfuerzo para ganarme un lugar en la escena del rock y siempre fui la persona que más tiró para adelante con la idea del grupo. En algún momento pensé en salir directamente como César Andino pero me pareció que era un error dejar la película inconclusa.
-Recién me dijiste que lograste ganarte un espacio en el panorama del rock argentino, ¿cuál es tu visión de ese actual panorama?
-Lo veo como medio perdido. Al rock argentino lo mejor que le pudo pasar fue que volviera Soda Stereo porque llenó cinco estadios y demostró que es la banda más grande de todos los tiempos en un momento donde lo popular es lo que no es rockero como el candombe, la murga y varias mezclas raras. Soda trajo al país ese espíritu del rock inglés, lo instaló y lo dejó crecer. Pero lo chabacano y la falta de poesía se apoderó del rock actual. Fijate que en la actualidad, las bandas más populares son las que no tocan nunca: La Renga toca una vez por año, Divididos pasa lo mismo, Los Piojos y otros tantos. Por eso veo que no hay rumbo en el rock actual y ante esa realidad, yo preferí achicarme, no agrandarme.
"Irte"