Perfumes, centros de estética, cabañas, restaurantes e indumentaria son algunos de los rubros en los que incursionan los personajes de nuestra farándula para intentar salvar su futuro. A continuación, algunos de los ejemplos recopilados por minutouno.com
Moria Casan abrió un restó que, afín a su personalidad, sorprende con sus excentricidades desde la puerta. Allí, una persona del local decide quién pasa y quién no. Adentro, los clientes pueden elegir ir al sector “Infierno” o al “Cielo”. El toque lo dan los diferentes shows de acrobacia y el menú servido en personas semidesnudas.
Pero Moria no fue la única en apostar a su popularidad. La actriz uruguaya Natalia Oreiro inauguró un local de ropa y para que no queden dudas de quién está a cargo del lugar le puso “Las Oreiros”. Es que ella misma y su hermana se encargan de los diseños.
Karina Rabolini tiene una línea de perfumes y cosmética que lleva su nombre, Gabriela Sabattini es otra que explotó este rubro al igual que Valeria Mazza. Por su parte, la modelo Verónica Zuberbuhler tiene una línea de cremas, de geles y espumas para baño.
Sin embargo, no siempre conviene exponer el nombre a tal grado. Sucede que si algo negativo llegara a pasar en algunas de estas empresas, el famoso y su imagen –y por lo tanto la de la marca también- resultarían perjudicadas.
Un buen ejemplo internacional es el de la modelo Kate Moss que perdió contratos millonarios de publicidad cuando fue públicamente destrozada en los medios por su consumo de cocaína.
Quizá por ello, otros famosos fueron más discretos y prefirieron el anonimato. Mariano Martinez lanzó su marca de calzado, y decidió denominarla “Sartori”.
Por último está el caso de Jessica Cirio, que abrió un spa, “Bielece”, que no tiene su nombre pero de cuya propiedad nadie duda. Gigantografías de la vedette cuelgan por todas las paredes, invitando a las clientas a alcanzar su figura.
Cada vez más famosos tienen sus propios "kiosquitos"
Algunos famosos parecen tener más que claro que su vida útil como profesionales del modelaje o de las tablas suele ser efímera. Por eso, aprovechan la popularidad para montar su propio emprendimiento y hacer de su nombre una marca rendidora.