Después de tantas especulaciones, idas y vueltas, pedidos de suspensión y defensas poco objetivas, llegó el día elegido y el recital de Callejeros se hizo en Mendoza.
Así, sólo dos padres de chicos muertos en Cromañón aparecieron por nuestra provincia para intentar hablar con la banda y pedirle que revieran esta actualidad, cosa que no lograron. Inclusive, un grupo de sobrevivientes del trágico hecho también estuvo en el estadio, pero pasaron muy desapercibidos, ubicados al final de la cancha de fútbol.
Se sabía que nada podía fallar, y nada falló. Es que Callejeros carga con una cruz muy pesada, de esas que nadie quiere llevar. Entonces, cada recital donde se presenta el grupo es casi una demostración de lo que se debería hacer en todos en materia de seguridad –y no se hace- y la Municipalidad de Godoy Cruz no quiso correr ningún riesgo: policía, bomberos, Defensa Civil, servicios sanitarios, seguridad privada y empleados municipales a la orden de cualquier contingencia. Sólo faltaban scouts… ¿Qué pasaría si todos los recitales contaran con la misma garantía en cuanto a seguridad?, ¿no estaríamos todos más tranquilos?
Pero volviendo al recital, es necesario decir que se vivió todo de la mejor manera. El público de Callejeros no es violento: son adolescentes que se conforman con algunos rockanrroles bien cuadrados y punto. Y eso es lo que les da la banda, un grupo que dentro del mundo del rock barrial sobresale un tanto por ser más originales, por tener buenos músicos y algún que otro destello pero también queda claro al verlos y escucharlos en vivo que a la banda le faltó “inferiores”.
Desgraciadamente para ellos, de reductos muy chicos saltaron a estadios y eso se nota. Callejeros llegó por primera vez a nuestra provincia sin haber tocado en cientos de boliches, como si lo han hecho otros grupos que ahora están en la élite del rock argentino. Esa falta de toques, de contacto con la gente, se nota, y mucho. Pero, como buena banda de rock barrial cumple con la general de pasarle el show a la gente: “Hicimos mil kilómetros y ustedes no cantan” reclamó Pato Fontanet en una parte. El show tiene que estar arriba del escenario y esta generación rockera, pobres musicalmente hablando, le pasa la pelota a la gente para suplir esa ausencia. Así se llegó a la triste historia de las bengalas, porque el espectador tomó el mismo rol que el artista.
Esta vez no hubo bengalas ni nada que oscureciera el recital. Hubo canciones –demasiadas- sencillas, directas, algunas casi primitivas, y un público que se fue exhausto porque encontró lo que fue a buscar; además de un buen escenario, telones, buenas luces y mejor sonido.
Pasó Callejeros y todo salió bien. Era esperable. Nadie pone la cabeza para que se la corten gratuitamente y se ajustaron todos los detalles para que estuvieran a disposición del evento. Ni Cornejo quería un problema en la Municipalidad de Godoy Cruz ni Rico y Aguinaga querían cargar otro peso a su mochila. Ahora, es deseable que la próxima vez, en cualquier evento, se sigan cumpliendo esas normas de seguridad, tan vapuleadas y gambeteadas en nuestro país.
Callejeros: a primera sin escalas
La banda tocó en Mendoza ante unas diez mil personas que disfrutaron de un rock simple. Todo funcionó como debe ser. Mirá las fotos de todas las banderas y un video.