Un recital, dos décadas, tres recuerdos

Hubo la conciencia de que allí estábamos todos los que teníamos estar de ese lado de la vereda: jóvenes, hermosos, maltratados por la química, mecidos por la hierba y atontados por el sol, saludando a todo el mundo, porque todo el mundo allí sabía exactamente lo que estaba sucediendo: un hecho histórico, impar, sorpresivo y definitivamente inolvidable.

Para aquellos que envejecimos cantando canciones de rock, 1988 será por siempre un año inolvidable. La muerte –bárbara, insolente¬–, nos sacó de las manos tres artistas sumamente nutricios para nuestra juventud: Miguel Abuelo, Luca Prodan y Federico Moura.

Ese mismo año, nuestros ojos no dieron abasto cuando, en el Malvinas, vimos nada menos que a Peter Gabriel, con su blanca camisa, posarse sobre el piano, con el Cerro de la Gloria de fondo. Y eso fue: la gloria, como música de fondo que repica desde hace veinte años. El recital de Amnesty International en Mendoza marcó un hito difícil de igualar en la historia del rock en Mendoza.

Y acá tenés un ejemplo: el video “Sledgehammer” o “La Maza”, de Peter Gabriel, según la información del video, en el Amnesty International Buenos Aires, 15 de octubre de 1988, tres días después del recital de Mendoza:



No llevábamos muchos años de democracia, por lo cual teníamos todavía un miedo fundado en los uniformes que, con los años, se transformó en fundamento de la memoria. Por esto, también, nos correspondía ese recital en nuestra casa. Desde un lugar distinto, compartíamos el mismo terror que aquel grupo de cantantes vino a denunciar. En el escenario, había un cartel que decía “The Universal Declaration of Human Rights, 1948-1988”. De eso se trataba.

Encima, acá nomás, cruzando la cordillera la dictadura pinochetista ejercía su cinismo escrito con sangre, lo cual potenciaba el clima del que todos éramos presa, incluso los entre cinco y diez mil chilenos que, con sus banderas, llegaron a Mendoza y se repartieron por el estadio.

A ellos, en determinado momento, les dijo Gordon Matthew Summers, “Sting”, para los amigos: “Hace 15 años Chile perdió la democracia. Desde esa fecha sólo hemos sabido de arrestos brutales, desaparecidos, degollados, quemados vivos. Después del plebiscito nada ha cambiado. He visto Chile en fotografías de desaparecidos, rostros hermosos, jóvenes hermosos y niños hermosos. Yo me pregunto ¿por qué la Junta Militar pensó que el pueblo podría crecer sin ese talento?”, añadió Sting. “Chi-chi-chi-le-le-le, que se vaya Pinochet”, gritaron nuestros vecinos.

Y hubo una ovación, cuando Sting hizo subir al escenario a las Madres de Plaza de Mayo. Entre ellas, recuerdan las crónicas de la época, había muchas mendocinas. “Estaba Carmen Formés d'Amico, una mendocina hija de españoles, cuya hija, María Cristina, estudiante de Medicina, fue detenida y desaparecida en 1978”, escribió en aquel momento el diario El País, de España.

Hubo la conciencia de que allí estábamos todos los que teníamos estar de ese lado de la vereda: jóvenes, hermosos, maltratados por la química, mecidos por la hierba y atontados por el sol, saludando a todo el mundo, porque todo el mundo allí sabía exactamente lo que estaba sucediendo: un hecho histórico, impar, sorpresivo y definitivamente inolvidable.

Esas cosas no nos pasaban a nosotros. Era como sí, en aquellos años, nos hubiésemos enterado de un día para otro que Diego Armando Maradona y otro puñado de notables iba a venir a Mendoza. También aquellos fueron años de gloria para el D10go, pues saldría campeón y goleador con su Nápoles. Cómo olvidarlo. Mirá este video de ese mismo año:



Pero volvamos al Amnesty. Era un día de oro, un día de primavera que se alargó en el tiempo. Peter Gabriel no era toda la maravilla: con él, venían Sting y Bruce Springsteen y, con ellos, Tracy Chapman y Youssou N' Dour y, con ellos, Inti Illimani y Los Prisioneros de Chile y nuestros Markama.

Cómo han cambiado los tiempos, antes de comenzar el show, en una camioneta, uno de los organizadores del concierto, el gran Bill Graham (ex productor de The Beatles) desembarcó con un gigantesco set satelital de comunicación, del tamaño de un armario escolar. Pues bien, tremendo aparato, ahora, daría menos prestaciones que un i-phone.

El concierto duró diez horas, entre canciones, saltos, aplausos, gritos y puteadas a Pinochet. Imposible olvidar a Bruce Springsteen, casi al finalizar el show, levantando a la gente como si nada hubiese ocurrido en las decenas de horas anteriores. “¡¿Están cansados?!, ¡¿Están cansados?!”, gritaba el tipo y levantaba treinta mil almas para hacer malabares con ellas.

Pues bien, veinte años han pasado y, en cierto modo, no es exagerado considerar que veinte años no es nada. Nosotros, por ejemplo, somos prácticamente los mismos: la única diferencia es que hemos envejecido, porque el tiempo, con éxito, intentó hacerlo.

Acá, te dejo un himno de la música vinculada a los derechos humanos, “Biko, según indica el video, es del “Nelson Mandela Tribute”, también de 1988: