Marky Ramone: el subcomandante del punk rock

Con una puntualidad inusitada para un recital, el ex integrante de The Ramones comenzó un intenso show que durante una hora y media dejó sin aliento a más de 600 personas. "Marcos", tal como el mismo se presentó, pasó con fuerza aplastante por Mendoza.

El músico, en la conferencia que dio unas horas antes del recital. Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
El músico, en la conferencia que dio unas horas antes del recital. Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

Puntualidad inglesa. El horario de inicio anunciado en la previa se cumplió al pie de la letra y aunque en el mundo del rock sea poco usual, el recital que Marky Ramone dio en Omero Disco comenzó apenas pasadas las 22.30.

En un escenario iluminado con luces tenues, apareció el legendario baterista y tras él, sus compañeros de banda -el guitarrista y bajista de Violadores y el cantante David Brooks-. El ex integrante de The Ramones agradeció y dio sus primeras palabras en un español confuso, mientras en la puerta varios fanáticos –que no habían  conseguido sus entradas- pugnaban por ingresar al local (corridas en las varios piedrazos terminaron rompiendo algunos vidrios).

El público, en su mayoría joven, estalló con los primeros acordes de la banda y desde allí hasta el cierre de la velada cada tema del tributo a Los Ramones fue cantado con un fervor especial, por las 600 personas que asistieron a la cita.

Con un estilo muy “Ramone”, el fin de un tema marcó el inicio del otro y, sin descanso entre canción y canción, sonaron varios greatest hits como “The kkk Took my baby away”, “Spiderman” y "Blitzkrieg pop", entre otros.

El buen manejo del español del cantante británico David Brooks, generó un feed back especial entre el público y los artistas. Pogo y mosh sobraron en la noche del Challao y como es costumbre, no faltaron algunas rencillas entre quienes saltaron, se golpearon y el personal de seguridad. Pero los encontronazos fueron mínimos y la banda nunca detuvo su ritmo y su potencia.



Al cabo de una hora de saltar y cantar, la banda realizó el primer impass de la noche. No pasaron 10 minutos y los acordes de “I Believe in miracles”  sacudieron una vez a la masa vestida de negro y de crestas cuidadas.

Fue el momento que Marky tomó el micrófono y dijo: “Yo me llamo Marcos”, al tiempo que sus baquetas se golpeaban entre sí para dar inicio a un nuevo hit de la banda británica.
 
El set ramonero siguió con la misma fuerza arrolladora y comenzó a dejar entre el público los primeros rezagados de ese vértigo musical. Los músicos se retiraron por segunda vez, pero el grito de su gente los devolvió a las tablas.

El clásico “Hey, Ho Let’s Go” anunciaba que el cierre de la misa punk estaba cerca, pero aún quedaba tiempo para un tercer y último bis. Cuatro canciones finales que, sin sacar le pie del acelerador, pretendieron dejar a los seguidores exhaustos.

El cierre fue similar al ingreso. Sin demasiadas luces, los músicos se abrazaron en el escenario y agradecieron a la gente presente, que no paraba de aplaudir y cantar por The Ramones.

Satisfecho y desbordado de acordes secos, el público fue dejando las instalaciones lentamente mientras comentaban lo qué les había dejado esa intensa hora y media del más puro punk rock.