- ¿Cuesta entrar con una ficción en una pantalla “realitizada” con Gran hermano?
- Sí, frente a los realitys poner una ficción es complejísimo, los realitys o cualquier producto en vivo que haga cualquier cosa. Por ejemplo cuando nosotros debutamos con Casi Ángeles, en otro canal un programa de chimentos no sé qué se mandó a hacer (NdelR: Viviana Canosa, conductora del ciclo Los profesionales de siempre en Canal 9, sobrevoló en helicóptero la casa de Gran hermano). Eso por ahí te quita en el momento, pero es pan para hoy y hambre para mañana. Y los realitys lo único que están representanto es una parte del mundo que está en estado de coma 4 y por desaparecer en cualquier momento, son los últimos estertores. No estoy hablando de este reality en sí, porque me parece que es un formato interesante si pensás en el negocio... es interesantísimo, te deja rating y dinero; pero qué sabor vacío te debe dejar a la hora de irte a domir pensar que estás experimentando con un grupo de gente que son como ratoncitos, que además los elegís para que generen conflictos y los provocás inclusive como si fueran animalitos que los pinchan con una varilla para que les pasen cosas y sufran o saquen lo peor de ellos. Es la representación de lo que no se debe, pero existe porque estamos en un mundo donde hay de todo. Yo prefiero estar en el lado luminoso de las cosas, equivocarme y todo pero en ese lugar. Prefiero no tener 30 puntos pero tener 12, 13, 14 puntos de la hostia, a largo plazo y marcando diferencias con cualquiera que te quiera copiar.
- ¿Lo vivís como competencia desleal?
- La competencia es la competencia. Desleal es si yo mañana voy y mato a un ejecutivo de un canal, voy a tener 80 puntos, te imaginás: “Cris Morena asesinó a fulanito”, ¿y al otro día qué hago? ¿mato a otro? Eso ya no es desleal, es una estupidez total de los que lo hacen. Es el pensamiento pequeño, hacer el rating para hoy y mañana veremos qué pasa, si la gente nos banca o si el canal se va al diablo porque hicimos tantos realitys que la gente ya no quiere ver más este canal, o sí. Las programaciones se manejan desde otro lugar, en todo el mundo es así. De todas maneras el sistema está muy pervertido. Por eso estando en un medio de poder yo me siento responsable por lo que estoy contando, y siento que estoy aportando cosas que pueden ser interesantes. El día que me tenga que mover de esto, me voy, no hay otra opción. Pero me cuesta bastante.
- Nuevamente sorprendiste con la protagonista de tu ficción, tenés la capacidad de descubrir nuevos talentos o de ver en artistas cosas que en el momento no se ven, y que después se terminan haciendo evidentes…
- No es que yo tenga una capacidad de descubir talentos sino que trabajo con gente que tiene poca experiencia, por el tema de las edades sobre todo. Emilia Attias tiene 19 años y no ha tenido mucho tiempo para perfeccionarse o haber hecho demasiadas cosas, entonces parecen descubrimientos, y lo son de alguna manera, pero me gusta muchísimo trabajar con actores o gente que no tiene experiencia e ir sacándoles todas su capacidades. Es un trabajo muy serio, no es que yo los miro y digo “ah, este”, sino que la gente que a mí me parece que puede servir para el personaje que estamos buscando empiezan haciendo una prueba y de ese primer casting pasan a un taller que nosotros bancamos, donde no hay muchos, serán 10 u 11 personas. Cuando son chiquitos hay un taller especial para ellos que es hasta los 10 años, y después otro para gente adulta, y trabajamos muy arduamente con profesores. A partir de ahí recién empieza a obtenerse el resultado y después logran tener pequeños papeles en TV. Es un trabajo previo largo de 4-5 meses.
- ¿Qué tienen que tener tus protagonistas?
- El tipo de ficción que yo hago implica que el personaje principal femenino tenga un ángel especial que no lo tienen todos los actores. Hay actores excelentes que están hechos para hacer otra cosa. Cuando hacés una ficción para chicos y adolescentes, además de tener una base de actuación importante para poder llevar adelante un libro con soltura, tenés que tener un ángel especial que no lo necesitás en otras ficciones, donde te alcanza que sean actores de muy buen nivel, y hay 15 actores para hacer el mismo personaje. En mis ficciones los personajes centrales tienen que ser muy particulares, tiene que tener mucha energia, una vida privada bastante cerrada, tapada. Yo trabajo para adolescentes y chicos, entonces me parece que todo tiene que ser coherente.
Me gusta trabajar con gente que esta ávida de conocimientos y que pone esfuerzo para trabajar, no me gustan los divos, no me gusta la gente que entra para ver qué rating tienen, me gusta la gente que se preocupa por laburar su personaje. No es común que exista ese tipo de actor que además baile y cante, entonces es dificilísimo lo que me toca buscar, pero también es un riesgo atractivo descubrir a alguien.
- ¿Cómo hacés para mantener esa conexión con los chicos desde hace tantos años?
- La busco todo el tiempo. Estoy atenta a su mundo, escucho sus conversaciones, me preparo, tengo nietos que me vuelven a ese mundo, tengo un equipo de gente joven trabajando, permanentemente estoy rodeada de gente joven en todos los aspectos. Y además adentro mío he mantenido esta capacidad de asombro, de sorpresa, esta cosa -que espero que no se me vaya nunca- que es ver el mundo con los ojos que alguna vez tuve, y cuando a veces lo he perdido trato de recuperarlos porque son los mejores ojos. Creo en la gente, yo lo veo luminoso el mundo y los chicos me parece que son luminosos, a pesar de que a veces se ponen un poco oscuros como los adultos.
- ¿Otro de tus secretos es dedicarte sólo a un rubro?
- Nuestros proyectos son una isla en todo sentido. En cuanto al nivel de calidad, de estética, de preproducción, nosotros empezamos 5 meses antes, eso significa un costo muchísimo más alto en el programa, generalmente los productores para no gastar empiezan 10 días antes. La apuesta mía tiene que ver primero con una dignidad con respecto al trabajo personal y de la gente que está conmigo, y después siento que tengo una responsabilidad con el tipo de gente con el que trabajo que son los adolescentes y los chicos, y no les puedo fallar y también espero que no me fallen. Les doy todo lo que tengo para que ellos sobresalgan, conozcan sus capacidades, se sientan cómodos, estén alegres trabajando, obviamente con esfuerzo, pero espero que ellos confíen en mí también. Estas cosas marcan una diferencia abismal con otros proyectos. No estoy haciendo un juicio de valor, simplemente nosotros nos preocupamos por cosas que otros ni las miran, y que afuera son muy importantes, por ejemplo cómo vas y volvés del corte, la gráfica que tenés, la estética, el diseño de vestuario, las licencias, la música, cómo iluminamos, lo que son los decorados que parecen de cine, bueno todo eso es un costo enorme que nadie lo está haciendo acá en este país.
- ¿Obsesión, tal vez?
- Total. Desde toda la vida quise hacer el trabajo muy bien hecho, y tuve mucha lucha con los ejecutivos de turno porque me decían que el público no se daba cuenta, y yo decía “mirá a mí no me importa, yo me doy cuenta, y mi trabajo tiene que ser el mejor y yo voy a dar lo mejor y la gente que está conmigo tiene que dar lo mejor, sino para qué voy a trabajar, no tiene sentido”. El día que yo me traiciona a mí misma, perdí. Entré en el sistema y soy igual a todos. Trabajar bien es honrar la vida.
- La necesidad que hay ahora de producir mirando al exterior ¿modificó a las ficciones?
- Depende la mirada que tengas con el exterior. Con nuestra productora fuimos los primeros que exportamos a nivel masivo, empezó con Rebelde Way y a partir de eso no hemos parado, y al contrario, la ficción se resuelve con un nivel mayor de estética y de calidad de contenido porque tiene que ser realmente noble para que pueda bancarse en Rusia, en India, en Japón y en Bolivia. Estamos compitiendo con las productoras más importantes del mundo y estamos al mismo nivel, o sea que se abre un panorama más que interesante para nosotros y para toda la gente que quiere hacer las cosas bien, porque los que no hacen las cosas bien no venden afuera. Pueden vender un formato que tuvo éxito en un momento acá y se les acaba.
- ¿Cómo ves la televisión actual?
- La tele está tan confundida como la vida. Me parece que en Argentina nos movemos bastante distinto que en otros lugares, donde es más pareja. Acá recién llegó el “minuto a minuto” cuando hay otros lugares que lo tuvieron hace años y que ya lo tiraron. Veo una locura por el rating a ultranza, hacen cualquier cosa. Hay canales que empiezan una ficción medianamente correcta, con un objetivo, con una coherencia y como van con el día a día y les ponen enfrente un reality, cambian, entonces el personaje que era de una manera y creía en ciertas cosas, a los 10 días baila desnudo como striper, no se entiende nada porque son manotazos de ahogado. Hacer bien es lo mismo que hacer mal, pero implica costos y esfuerzos diferentes. Yo no hago 20 cosas al mismo tiempo, la productora se maneja con un solo proyecto por vez para llegar a un óptimo resultado. Yo tengo puesto el foco en lo mío, hagan lo que hagan del otro lado no voy a modificar mis capítulos. Es un riesgo, pero a mí me interesa hacer 150 capítulos del carajo, sin resquicios. Yo compito conmigo y con mi nivel de calidad. Porque es mentira que el público compra cualquier cosa. El público compra un rato cualquier cosa, pero elige también, a veces no tiene mucha posiblidad porque no hay nada, pero cuando hay empieza a elegir.
Cris Morena: "Poner una ficción es complejísimo"
La actriz y productora analiza en una extensa entrevista la diferencia entre hacer un reality y una tira de ciencia ficción. Además habló sobre descubrir nuevos talentos jóvenes.