¿Cuándo debo cambiar mis zapatillas de running?

Correr con calzado viejo o desgastado, es una de las causas más comunes que producen lesiones cuando corres.

Con el tiempo, tus zapatillas pierden absorción de impacto, amortiguación y estabilidad. Continuar corriendo con zapatillas desgastadas, aumenta el estrés y el impacto en las piernas y las articulaciones, los que pueden llevarte a lesiones. Lo más sencillos que puedes hacer para prevenir este tipo de lesiones, es reemplazar tus zapatillas de running cuando están gastadas.

Una regla de oro es reemplazar tus zapatillas de running cada 500 a 650 kms, dependiendo de tu estilo de correr, el peso corporal, y la superficie sobre la que corres. Normalmente, los corredores pequeños tienen una duración superior, mientras que los corredores más pesados deben considerar reemplazar sus zapatillas más cerca de la marca de los 500 kms. Si corres en caminos en mal estado, tendrás que reemplazar tus zapatillas de running antes que si corrieses en una cinta o en superficies menos agresivas.

 Un corredor no es nada sin unas buenas zapatillas que te permitan hacer kilómetros. Por desgracia, estas no duran eternamente y de vez en cuando hay que renovarlas. Que hay que mirar para saber si tengo que cambiar de zapatillas.

  • Kilometraje: si llevas un diario de entrenamiento, podes ir viendo cuántos kilómetros se han tragado vuestras zapatillas. Normalmente unas zapatillas con más de mil kilómetros ya están para cambiarlas. Yo suelo aguantar mil doscientos como mucho. Si no llevas la cuenta de los kilómetros, hacete a la idea que si corre3-4 veces por semana, al cabo de un año hay que renovar.

  • Grietas o estrías: cuando en la zona de la mediasuela observamos pequeñas grietas o estrías, es señal de que la zapatilla ha perdido sus propiedades de amortiguación, así que sus días están contados.

  • Vista desde atrás: pon tus zapatillas encima de una mesa y míralas a su altura desde el talón. Si están volcadas o la suela cede hacia algún lado, puede que ya sea hora de cambiarlas. Muchas veces, como pisamos diferente con uno y otro pie, podemos notar como la posición de una y otra varían.



  • Plantillas rotas: aunque no siempre es sinónimo de zapatilla gastada, saca la plantilla y mírala por debajo. Si por algunas zonas, sobre todo la puntera, están rotas o apenas tienen grosor, es señal de que han soportado muchos kilómetros.


  • Dolores “extraños”: un día de repente y sin venir a cuento, comienzan a aparecer dolores “extraños” en el talón, tarso o incluso en los músculos. Muchas veces son las zapatillas gastadas las que hacen que aparezcan esos dolores, al ser la pisada más traumática cuando nos quedamos sin amortiguación.

Aunque son muchos puntos y cosas que mirar, lo más importante es el kilometraje. Aunque las zapatillas tengan buen aspecto, si tienen más de mil kilómetros, para mí es suficiente. Mil kilómetros son muchas pisadas una tras otra, es evidente que la zapatilla no tendrá las mismas propiedades que el primer día.