Olvidate el azúcar. Dedica cinco minutos a meditar. Potenciarás las emociones positivas y centrarás tu atención en el presente. Si tenes 10 minutos. Si tenes 10 minutos, practica el saludo al sol. Mejorarás tu flexibilidad, tonificarás tus músculos y evitarás el dolor de espalda. O, si te ves con fuerza, hace una rutina de gimnasia casera de 10 minutos: isométricos, flexiones y sentadillas. Para los que vayan sobrados de tiempo, nada mejor que 30 minutos de carrera más cinco de estiramientos.
Camino del trabajo, si usas el auto, escucha tu música favorita. No dejes que los atascos te amarguen la jornada desde primera hora. Intenta mantener la la espalda erguida mientras manejas. Estaciona un poco más lejos de lo habitual para dar un paseo antes de entrar a trabajar. Aprovecha para tonificar tus músculos abdominales durante los trayectos en transporte público. ¿Cómo? Haciendo hipopresivos: toma aire tres veces y vacíate por completo. Mete panza, desde el suelo pélvico hasta las costillas en apnea y aguanta así 10 segundos. Sé constante y alucinarás. ¡Olvídate de las escaleras mecánicas!
En el trabajo, recorda que debes sentarte siempre correctamente en la silla, sobre los isquiones y con la espalda recta; los hombros hacia atrás cerrando las escápulas y la cabeza bien alta. Cambia de postura cada 20 minutos e intenta no permanecer durante más de una hora seguida sentado. Lo ideal es que hagas pequeñas pausas para caminar o subir escaleras. Siempre que puedas, organiza las reuniones de pie o paseando. De esta manera, lograrás activar la circulación sanguínea de tus piernas. Mantener el abdomen duro, hacia adentro, hará que se descargue tu zona lumbar. Si a media mañana tenes hambre, intenta distraer al estómago con una fruta o frutos secos. Te darán la energía que necesitas para llegar a la comida sin flaquear. También bebe mucha agua.
En la pausa del almuerzo, come como un príncipe. Alterna las legumbres con la pasta integral y abónate a las verduras y proteínas. Siempre que puedas, intenta dar un pequeño paseo al terminar. Meterse atracones de dos horas para, acto seguido, volver a sentarse en el trabajo arruinará tu salud. Actúa con sensatez. Busca el equilibrio energético entre lo que comes y lo que vas a gastar.
Si podes, la mejor opción es aprovechar parte del tiempo de la comida para hacer deporte. Liberarás tensiones y compartirás experiencias con los amigos. Correr con compañeros de trabajo es una opción muy interesante. Es barato, se progresa mucho en poco tiempo y quemas muchísimas calorías.Si te cuesta hacer deporte, proba alguna clase colectiva: spinning, aeróbic, step, body combat...
Termina la jornada laboral con un buen paseo para oxigenar el cerebro y las articulaciones. Así llegarás a casa con la cabeza reseteada de tensiones. Si no pudiste hacerte un hueco a la hora de comer para hacer deporte, aprovecha la tarde para correr o ir al gimnasio. Si tenes niños, busca los momentos que te dejan las tareas extraescolares u organízate con tu pareja. Pero, mucho cuidado: intenta no hacer ejercicio de alta intensidad en las últimas horas del día para no acelerarte demasiado o luego te costará conciliar el sueño.
En la cena come como un mendigo, verduras y proteínas. Regalate un buen vaso de vino. Apaga el móvil, la tablet... La luz artificial de estos dispositivos se cuela en nuestro cerebro, enviándole la señal falsa de que aún es de día, y nos mantiene en vela. Termina el día como lo empezaste: con 10 minutos de yoga para desbloquear el cuerpo. Hace el amor... si podes. Descargarás el estrés del día e incrementarás la producción de hormonas del placer como la oxitocina. Mejorarás la circulación sanguínea y tonificarás los glúteos y músculos abdominales. Tras la explosión de endorfinas del orgasmo, el cerebro envía a nuestro cuerpo una señal sedante y analgésica que nos conduce directamente al sueño. Leer un buen libro te ayudará a incorporarte al carril de desaceleración que nos conducirá a una noche de sueño reparador.
Fuente: El País