No sólo hay riesgo durante el ejercicio. Hay tres circunstancias especialmente peligrosas que pueden provocar muerte súbita después del ejercicio.
Parar repentinamente. Pensa que tu corazón es una bomba puesta a "toda máquina" durante el ejercicio, si la detenes súbitamente el sistema necesita un tiempo para volver a la normalidad. Es importante que siempre dejes el ejercicio progresivamente, en algunas carreras la meta se encuentra como en pasillos por los que los atletas deben andar despacio hasta llegar a la hidratación final. Muchas personas sufren mareos después del sprint final, esto es un mecanismo de supervivencia básica, al dejar de recibir sangre el cerebro pierde el conocimiento y cae por lo que la cabeza se coloca en posición baja y llega otra vez sangre al cerebro
La ducha. El agua caliente después del esfuerzo es un placer para los sentidos pero también aumenta la temperatura corporal, lo que provoca la dilatación de los vasos sanguíneos y puede hacer que llegue menos sangre al corazón o a zonas mal vascularizadas, provocando un espasmo fatal. Para evitarlo se recomienda no ducharse hasta que la respiración sea normal y se haya parado de sudar, empezando con agua templada.
Fumar inmediatamente después de acabar el esfuerzo. Si el tabaco es peligroso siempre, la nicotina es una granada de mano cuando fumas justo al parar. Esta sustancia favorece la contracción de los pequeños músculos que rodean las arterias del corazón y puede provocar un "espasmo arterial". Al parar el ejercicio es normal que todavía jadeemos, si se inspiran grandes bocanadas de humo se pueden cerrar repentinamente las coronarias y con la falta de oxígeno aparece un infarto. Es imprescindible haber recuperado la frecuencia respiratoria normal antes de fumar, aunque si te tomas en serio tu salud lo mejor es que te olvides del tabaco para siempre.
Fuente: Sportlife