Sentir algo de fatiga o ciertas molestias musculares resulta normal en cualquier proceso de entrenamiento, ya que el organismo se resiente cuando introducimos nuevos esfuerzos, como más intensidad o mayor volumen, por lo que suelen desaparecer después de un descanso adecuado.
Poco a poco, el cuerpo se va fortaleciendo y mejora el rendimiento. Sin embargo, que las molestias musculares persistan y el rendimiento se estanque o descienda puede ser una señal inequívoca de que no se está recuperando de manera óptima, por lo que deberemos reconsiderar nuestras estrategias de recuperación, los objetivos del entrenamiento o ambas cosas.
Las señales
Algunas de las principales señales que indican una recuperación insuficiente son:
- Bajos niveles de energía. Entrenar debe dejarte fatigado, pero si estás tan cansado que las actividades diarias normales te parecen tareas imponentes, es probable que estés algo fundido.
- Falta de apetito. No te dan ganas de comer, incluso después de una carrera larga o de una abrumadora semana de entrenamiento.
- Irritabilidad y mal genio. Estás constantemente de mal humor.
- Problemas de sueño. No estás durmiendo bien.
- Entrenamientos sistemáticamente tediosos. Te sientes como si te estuvieras arrastrando durante cada entrenamiento.
Las soluciones
Estos problemas de recuperación insuficiente pueden solucionarse siguiendo alguna de estas sugerencias:
- Relájate tanto como sea posible entre las sesiones de entrenamiento. Los corredores del Tour de Francia suelen decir: “No estés de pie cuando puedas estar sentado. No estés sentado cuando puedas estar acostado”.
- Come 30-60 minutos después de un entrenamiento, y no te saltes comidas. Tu cuerpo (y tu mente) necesitan alimentarse para recuperarse.
- Respeta el sueño. No es ninguna coincidencia que los mejores corredores del mundo sean también los mayores dormilones del planeta.
- No te saltes tus carreras de recuperación. Igual que eres aplicado para no saltarte ninguno de tus entrenamientos clave, haz lo propio con tus carreras de recuperación. Como norma, empieza a correr a ritmo cómodo y luego ralentízalo.
Fuentes: Mario Fraioli / Run & Walk