Cuando el cuerpo no descansa lo suficiente no puede reconstruir las fibras musculares. Esto provoca una caída en el rendimiento y facilita la aparición de lesiones.
El ejercicio intenso o prolongado conduce a un elevado consumo de glucosa y aumenta la pérdida de agua y electrolitos. Esta pérdida, sumada a los niveles bajos de glucosa en sangre, hace que aparezcan distintos síntomas, como mareos o sensación de falta de energía.
Para evitar este mal momento hay que mantenerse hidratado y consumir geles cuando el entrenamiento dura más de una hora. Además, es importante consumir hidratos de carbono de absorción lenta antes del entrenamiento, para tener energía extra.
Si los mareos o la falta de energía aparecen con frecuencia hay que prensar atención en la forma de hidratación, la alimentación y evaluar si el atleta está sobreentrenado. La falta de entrenamiento también puede generar un agotamiento extremo, sobre todo si el corredor se enfrenta a competencia que no preparó.