El equipo está más que chequeado, la bicicleta aceitada, calibrada y con las ruedas perfectamente infladas, el ciclista está entrenado y listo para un nuevo desafío… Pero no puede superar el miedo a acelerar en las bajadas. ¿Cómo abrazar la adrenalina y la velocidad y perder las inseguridades en los planos inclinados?
Superar los miedos es uno de los objetivos que todo deportista debe tener en mente, para llegar más alto y más lejos en cada entrenamiento, a niveles que nunca imaginó que podía alcanzar.
La velocidad en los planos inclinados puede parecer intimidante y, en general, el mayor temor de los ciclistas es perder el control, encontrarse con baches o curvas que no podrán superar. Te damos algunos tips para superar psicológica y mecánicamente el miedo a las bajadas.
En primer lugar, es importante asumir el miedo y reconocer las sensaciones que producen las bajadas; hay que explicarle al propio cerebro que la ansiedad es un círculo vicioso que aumenta la tensión muscular, e impide realizar movimientos de manera suave y controlada.
No es una tarea fácil, y el miedo no se pierde de la noche a la mañana: la mente se entrena de igual manera que lo hace el cuerpo. Hay que mentalizarse, imaginar la situación y replicar los miedos, sentirlos aunque las cosas no estén ocurriendo y procesarlo, y volver a imaginar la situación reemplazando los sentimientos negativos por frases de apoyo (“puedo lograrlo”, “sé controlar la bicicleta y podré mantener el control”).
Es importante querer hacerlo para pasar a la acción.
El primer nivel es enfrentar rampas suaves pero prolongadas, que no tengan curvas, y concentrarse en los movimientos y sus efectos positivos sobre el avance. “Voy bien”, “la superficie es lisa y recta”, “no voy a caerme al frenar”. Es muy importante aprender a frenar progresivamente a pesar del miedo, porque los frenos bruscos son una de las formas más fáciles de perder el control de la bicicleta.
(SUGERENCIA de lugar: la bicisenda que va de Coronel Díaz y Santa Fe a Coronel Díaz y Cerviño).
Una vez “conquistado” este primer paso de bajar suavemente, hay que repetir la experiencia soltando los frenos cada vez más, y detectando cuáles son los momentos en que verdaderamente hacen falta. Los frenos siempre estarán ahí, lo importante es que no sea el miedo lo que impulse a clavarlos.
Eventualmente, llega la hora de enfrentar bajadas que incluyan curvas. Nuevamente, habrá que realizar el recorrido a una velocidad similar a la que lo hicimos la primera vez en la rampa suave y recta, para verificar que podemos hacerlo, y eventualmente ir soltando y repitiendo, una y otra vez, hasta poder encarar curvas en velocidad de una manera natural.
Mente y cuerpo, se entrenan a la par.