Los riesgos de ignorar el dolor de las contracturas

A diferencia de los calambres, las contracturas son endurecimientos que, además de ser dolorosos y pueden dificultar e impedir el entrenamiento.

Una contractura reduce la elasticidad del músculo, evita la extensión total de la articulación y produce dolor al cargar o utilizar la zona.

Muchas veces, los corredores intentan ignorar el dolor o acostumbrarse a él, y continúan realizando ejercicio en lugar de recurrir al reposo. Esto aumenta sensiblemente los riesgos de padecer lesiones más series, como rotura fibrilar, en la que el dolor se vuelve más intenso, o fibrosis, que produce una pérdida crónica de elasticidad que es difícil de recuperar.

El problema principal con las contracturas es que son crónicas, en gran parte debido a una mala alimentación con deficiencia de nutrientes esenciales como el potasio y las proteínas, una postura inadecuada al correr o una sobrecarga de los músculos a raíz de un entrenamiento demasiado intenso. Para prevenirlas, lo mejor es consultar a un médico profesional que pueda identificar las fallas en el entrenamiento, e indicar cambios para poner en práctica.

En primera instancia, la mejor manera de evitar las contracturas es respetar los tiempos de recuperación del cuerpo entre entrenamientos, ya que la fatiga vuelve a los músculos más vulnerables a este tipo de lesión. Además, evitar los incrementos bruscos de intensidad y calentar correctamente antes de las carreras, realizando estiramientos antes y después, son buenas técnicas de prevención de contracturas.