Lectura: correr como los keniatas

La continua presencia de atletas procedentes de Kenia en los podios de las ha llevado a muchos a preguntarse por el misterio de su fortaleza.

 

El periodista británico Adharanand Finn entrenó durante seis meses en el corazón de Kenia con los mejores corredores del mundo para entender por qué dominan en los maratones. Su experiencia la plasmó en sus artículos para The Guardian y en un libro que acaba de ser publicado en Inglaterra.

Finn insiste en que la primera clave del éxito está en la niñez. Kenia es muy pobre, especialmente en el sector rural, de donde viene la mayoría de los corredores. Los niños se crían descalzos, corriendo al colegio, corriendo detrás de las vacas, corriendo a buscar agua... “Tienen una infancia tan activa que para cuando cumplen 16 han corrido muchísimo y quedan muy atléticos”.

Eso de correr descalzos no es poca cosa. Según uno de los personajes fundamentales del libro de Finn, el misionero irlandés Colm O’Connell, de ahí obtienen el estilo que los acompañará toda la vida. O´Connell, cuenta Finn, es un obsesivo del estilo. Fundó el colegio St. Patrick y hasta allá lleva a jóvenes corredores escogidos a dedo para convertirlos en estrellas. Dice que tiene una tasa de éxito del 60%: seis de cada diez de sus alumnos llegan a formar parte de la elite.

“Mientras la mayoría vive apenas por arriba del nivel de subsistencia, en chozas pequeñas y muy humildes, los corredores conducen grandes autos, viven en casas enormes y se convierten en personas importantes. El que tanta genta haya hecho dinero gracias a las carreras estimula a otros a imitarlos”.

La discusión sobre el correr descalzo lleva varios años. La incentivó el periodista estadounidense Christopher McDougall en su libro Nacidos para correr, en que relata sus vivencias con los indios tarahumara en las Barrancas del Cobre, en México. El soporte científico de la teoría que dice que corremos mucho mejor sin zapatillas que con ellas lo dio el profesor de biología evolucionaria de la Universidad de Harvard Daniel E. Lieberman. Según él, la evolución nos convirtió en grandes corredores.

Al correr descalzos, los niños keniatas logran su estilo y fortalecen sus piernas, sus pantorrillas y el arco de sus pies, “lo que constituye en muchos sentidos la base perfecta para las largas distancias”, dice Finn. “Cuando corres descalzo, necesitas pisar más suave en el suelo, y tocando primero con la parte anterior del pie en lugar del talón. Esto es ampliamente considerado como la mejor y la más eficiente forma de correr, pero en Occidente no lo hacemos así, porque crecimos corriendo con zapatillas, lo que nos permite pisar como queramos”.

Claro que cuando se convierten en profesionales, los keniatas comienzan a usar zapatillas, pero mientras más mínimas, mejor.

La dieta es otra de las claves. Los keniatas comen alimentos altos en hidratos de carbono y bajos en grasa, mucho arroz, porotos y ugali: una mezcla de harina de maíz y agua que se revuelve hasta formar una pasta gruesa y se come usualmente con kale (un tipo de repollo). “Eso ofrece mucha energía para correr y está libre de las grasas que en Occidente tanto nos gustan”, explica Finn.