"Dios mío" brilló a sala llena en el Independencia

De la mano de MDZ y en ocasión de su aniversario, la premiada obra se presentó en dos funciones en la sala mayor de Mendoza y colgó el cartelito de "no hay más localidades". MDZ Sociales dijo presente. ¡Mirá quiénes fueron!

Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

MDZ Online y MDZ Radio cumplieron años y organizaron varios eventos culturales e imperdibles para los mendocinos durante el mes de agosto. 

Uno de ellos tuvo lugar este fin de semana, con la presentación de la obra premiada como mejor pieza teatral del año en los premios Estrella de Mar de Mar del Plata; que pone a Dios en el lugar de quien experimenta una crisis personal.

“El día en que Dios va a una psicoanalista”, se lee en el slogan promocional de la obra. Queda claro, desde mucho antes del comienzo del espectáculo, que nadie está a salvo de sufrir una crisis existencial en algún momento de su vida, ni siquiera Dios. Este es el conflicto que aborda la comedia de Anat Gov, que protagonizan Juan Leyrado y Thelma Biral, dirigidos por Lía Jelín y que se estrenó este sábado, en doble función, en la sala mayor de los mendocinos.

"Dios decide analizarse. Quiere saber qué es lo que le pasa, a ver si tiene realmente un problema, porque no se siente bien", cuenta el actor, entusiasmado como el primer día con la imagen de este “todopoderoso” creador deprimido que interpreta desde hace más de un año.

La actriz define la pieza como una comedia con momentos muy dramáticos, que sin ser una obra religiosa, muestra al Dios que cada uno lleva adentro. “Es una pieza que puede empezar como comedia y luego “pega” fuerte porque ves a un Dios deprimido, al contrario de esa cultura que tenemos nosotros que ve a un Dios omnipotente”.

Los protagonistas charlaron con Federico Croce y Gonzalo Arroyo en los programas de MDZ Radio "Uno nunca sabe" y "Hacete cargo". A continuación, un extracto:

-¿Qué los atrapó de esta obra?

Biral: Me embarqué en este proyecto cuando mi hijo Bruno me recomendó leer el libro de Anat Gov "Oh, Dios mío!" y me dijo: “No te pierdas este texto, porque es una pieza sumamente interesante”. Me pareció una obra original, bien escrita, moderna… teatro puro.

La obra no trasgrede, no ofende, no es religiosa, sino que es una buena historia contada por nosotros sobre la llegada de un Dios abatido por los avatares del mundo, deprimido y culposo.

Dios elige a una psicóloga en particular para hacer terapia. Él la convence de que en verdad es Dios, y ella se transforma como en una voz de la mujer universal donde le hace reproches y planteos.

Leyrado: En mi caso fue el desafío, lo que me asustaba… eso me atrapó. El susto, el miedo de preguntarme qué me pasa, cómo voy a encarar esto.

La obra me atrapó mucho, porque era muy divertida, pero después me di cuenta que hacer de Dios, sin tener a un “Dios” para mirar, es muy complicado, por lo que tuve que buscar adentro mío cuál era “esa” imagen de Dios que yo tenía. Esto me llevó un trabajo personal e interno que me hizo muy bien en lo personal, porque aparecieron cosas mías que cuando vuelvo a mi casa siguen sonando y me hacen reflexionar mucho.

-¿Qué problemas tiene Dios?

Leyrado: Ufff… muchos. Él los tenía todos anotados, porque hizo una lista antes de ir a su primera consulta. Quiere saber qué es lo que le pasa; a ver si tiene realmente un problema porque no se siente bien. Entonces, investiga a esta psicóloga y la elige, una profesional especialista en niños y que tiene un hijo autista. Además, ella no se lleva bien con él porque le recriminó durante mucho tiempo a Dios por el trastorno de su hijo.

-Se contesta en algún momento de la obra la pregunta ¿Dónde está Dios?

Leyrado: No. Si en la obra hubiese un objetivo como ese, ahí sí no la hubiera hecho, porque ¿cómo hacemos nosotros para responder eso? Yo creo que Dios está dentro de uno, sale de nosotros mismos, no está en una Iglesia o en un templo. Las respuestas la tiene cada uno en la platea, no está en la obra. Igualmente, jamás encontré a alguien que me diga que no vio a Dios en la obra… siempre vieron una presencia de energía, que es en definitiva lo que yo creo que es Dios: energía.

-Hay tantas versiones de Dios como seres humanos. ¿Te planteaste en algún momento el difícil objetivo de cumplir con las expectativas de cada espectador sobre la imagen que cada uno tiene de Dios?

Leyrado: Exactamente eso sentí después de entusiasmarme con la obra, me encontré con eso que planteás. Me di cuenta que cada persona en la platea tiene su propia imagen, consciente e inconsciente, de cómo es Dios: ¿Cómo habla? ¿Cómo respira? ¿Cómo se mueve? ¿Qué voz tiene? ¿Cómo nos mira? Entonces, me asusté un poco...más que un poco, me asusté mucho. Tuve pánico. Creí que me iba a salir sobreactuado, pero luego me apoyé en entender qué me pasaba a mí con Dios.

Me centré en mi cuerpo, porque es el cuerpo el que trasmite, siento que es lo más sincero que yo tengo para dar. Primero va un movimiento interior físico, a veces imperceptible, y después va la palabra.

De esta manera aparece un Dios que es el que me “calza” a mí: uno que de pronto se hace chico, se agranda, se desplaza en el espacio de una manera particular. Esa apertura me permitió crear un personaje tan importante.

Biral: El actor de teatro es muy solitario, en el sentido de que tiene que construir junto con el director y sus compañeros -sus verdaderos maestros- un personaje de cero y cuando se levanta el telón ahí se queda, ahí solito, con su voz, las piernas, las lágrimas.

Leyrado: Es tan lindo ver a la gente ir al teatro. Saber que quieren estar ahí, en esa oscuridad, compartiendo con amigos ocasionales una historia, un cuento… en esa oscuridad. Nosotros los actores somos simplemente eso, contadores. El público sabe que uno es simplemente un actor, no es ni Hamlet ni Dios, pero entra en el juego de creérselo.