Milo Lockett y una jornada apasionante

Banco Supervielle organizó un original encuentro para clientes: una charla inspiracional en la galería de arte de Daniel Rueda, con el gran artista chaqueño como protagonista. MDZ Sociales dijo presente.

Foto: Gentileza
Foto: Gentileza

Desde hace tiempo, Supervielle organiza encuentros, charlas y experiencias relajantes, interesantes y divertidas con el objetivo de integrar y afianzar la relación entre el banco y sus clientes más exclusivos, acercándose a ellos a través de experiencias diferenciadoras mediante las cuales se percibe la importancia que tienen sus clientes para el banco.

Esta vez, el banco preparó una jornada súper inusual para treinta clientes que disfrutaron del arte y los conceptos de uno de los artistas argentinos que más se destacan a nivel mundial: el chaqueño Milo Lockett.

El artista plástico, que es autodidacta, compartió una charla inspiracional sobre su arte, su trayectoria y algunas consideraciones esenciales a la hora de regir su vida y trabajo en el espacio de Arte de Daniel Rueda; quien preparó además un delicioso cóctel de la mano del chef Sergio Guardia.


Una charla imperdible

El momento en el que Milo compartió su forma de ver el mundo y la importancia de ser una persona sensible fue uno de los más recordados por los que lo escucharon atentamente.

“Nosotros no practicamos las palabras: generalmente las pronunciamos, y listo. Decimos ‘amor’, que no es una palabra liviana, y listo. Decimos ‘te quiero’, y ya fue, desaparece. A la sensibilidad debemos practicarla, no hablarla. Uno no se levanta y de golpe, es sensible. Uno se vuelve sensible”, fue uno de los fragmentos de la charla que brindó el artista.

“La sensibilidad debo construirla. Debo hacer que las cosas me gusten. A mí no me gustaba la fotografía, y entonces decidí a detenerme a mirar fotografía, me propuse hacer el esfuerzo y compenetrarme, mirar, entender, interiorizarme… hasta que encontré la belleza y el arte allí”, siguió Lockett.

“Esto me lo enseñó Toni Puig Picart, el tipo que diseñó Barcelona, un gurú de las ciudades: me contó una anécdota increíble, y me sentí totalmente identificado. El decía ‘a mi no me gustaba la música clásica, e iba a lugares en donde se tocaba y todos quedaban fascinados. Me quedaba afuera, entonces ¿qué hice? Pues ponerme a escuchar música clásica como loco hasta que le encontré el gusto, la belleza’. Es un ejercicio válido. Con la sensibilidad pasa lo mismo: yo no puedo ser sensible si no lo practico”, continuó el creativo.

“A mí el arte me hace más sensible. Encontrarme con el hecho artístico me identifica con la persona. Hoy tengo respeto por el trabajo de muchos y diferentes artistas: eso lo construí y lo aprendí. Porque puede no gustarme tal o cual obra, pero no tengo derecho a decir que no me gusta. No puedo criticar: si tengo que respetar. Esta es una cosa que casi no sucede en el mundo del arte”.


El artista también consideró que “estamos en un momento de ebullición, de crisis. En las grandes crisis, emerge el arte. Recuerden lo que pasó en nuestro país en el 2001: Argentina venía de una década muy fría en cuanto a lo artístico, mucha frivolidad, el arte estaba helado. Se produjo el estallido social, y Argentina llegó a tener mil obras de teatro en la calle. Fue un fenómeno que vinieron a estudiarlo desde todo el mundo, al igual que vinieron a estudiar la peculiaridad de la protesta del piquete. Los críticos de arte no podían entender, no les entraba en la cabeza cómo en la Argentina se podía hacer una obra de teatro con menos de mil dólares –obras en las que participaban siete, ocho, diez personas, escenógrafos, coreógrafos, directores de teatro-“.

“Ante la imposibildiad de la economía, uno vuelve a acercarse a las cosas que lo sensibilizan: la música, el teatro, la pintura”, consideró Lockett.