La platea azul y roja y una tarde a puro rugby

Los Tordos venció a Liceo para quedarse con el primer puesto del podio. Las hinchadas, los amigos y los fanáticos del deporte estuvieron allí.

Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

Después de cinco torneos, los Pájaros derrotaron 26 a 23 a Liceo en la final disputada en Marista y alzaron el título mayor del Top 10 Cuyano.

 

La gran final fue verdaderamente una fiesta. Las hinchadas desplegaron sus colores en la cancha de Maristas y alentaron a sus equipos con pasión en medio de una multitud de mendocinos que llegaron al lugar para vivir el enfrentamiento de los dos mejores equipos del año 2013.

“Vinimos en familia para ver si nuestro equipo sale campeón después de cinco años. De todas maneras, tenemos mucha fe en que así será”, destacó Tito un gran seguidor de Los Tordos.

La jornada comenzó al mediodía del sábado con un sol resplandeciente ideal para compartir un buen momento entre amigos y familiares.

Algunos eligieron almorzar en las instalaciones, otros fueron invitados al sector VIP para disfrutar de premios, un completo catering y algunas curiosidades previas al partido.

“Hoy gana Liceo”, expresaron algunos fans mientras degustaban ricos vinos el sector preferencial.

Otros se instalaron, desde temprano, en sus lugares para no perderse absolutamente nada. Mate de por medio, al sol, a la sombra, de pie para combatir la ansiedad o relajados en grandes grupos disfrutaron de un verdadero desafío que finalizó ajustadamente en un 26 a 23.

 

Los políticos también se hicieron presentes: Alfredo Cornejo junto a su hijo Lautaro y Marcelo Barg se mostraron sumamente interesados en los resultados, siempre rodeados de amigos del rugby.

La platea femenina

“Acá las que dejamos plata somos las mujeres porque estas finales se llenan de chicas, pero ninguna entiende nada”, comentaron dos amigas y estallaron en carcajadas mientras ingresaban al predio.

Es cierto: las jovencitas tiñeron de belleza y simpatía cada una de los sectores pero las mamás y abuelas no se quedaron atrás.

“El mate no podía faltar”, dijo una mamá que armó un picnic con sus dos hijas.

Otras llevaron a los más pequeñitos como verdaderos fanáticos, con las caras pintadas y sus respectivas camisetas.

Una tarde de sol, pasión, deporte y recreación pasó una vez más por la historia del rugby. Esta vez le tocó festejar a los Pájaros, un verdadero mérito para el club después de tanto tiempo.