Se trató de una interesante exposición, de la mano de Desireé de Ridder. Los invitados especiales, amigos y amantes del arte que dijeron presente disfrutaron de un exquisito catering y una distendida velada mientras intercambiaron opiniones con la simpática escultora.
Charla con la artista
“Yo estudié en la Escuela Nacional de Bellas Artes, en Buenos Aires, y comencé dedicándome a la pintura. Luego me radiqué en Francia, y allí me encontré con la escultura”, explica Desireé de Ridder a MDZ.
“En París fui asistente de un artista escultor que trabajaba con chatarra: una experiencia interesantísima. Allí verdaderamente experimenté y aprehendí lo que significa la fuerza de la tridimensión. Pasé de golpe de la bidimensión de la pintura, a enamorarme de la tridimensión de la escultura”, comentó la creativa.
En Francia es común ver escultores y artistas que trabajan distintos materiales, y en una oportunidad conocí en una galería a un artista que había pintado unos platos. Los vendía extremadamente caros, pero estaban buenos. Eso verdaderamente hizo un click en mi cabeza.
Cuando regresé a la Argentina, decidí hacer un curso de cerámica, y como siempre fui fanática de la ecología y el cuidado del mundo animal, ensamblé la utilización de la cerámica como expresión artística y la representación de nuestra flora y fauna.
De la pintura a la escultura
“La escultura siempre me pareció un desafío mayor. Me alucina una característica concreta de la escultura: es espacial. Cuando ingresé por ese camino, ya no volví atrás. Por supuesto que sigo amando la pintura, pero mi proceso personal me llevó por este camino".
Federico Croce en Twitter: @FedericoCroce