“El nombre de la propuesta artística es Figuración espontánea - Abstracción voluntaria”, comienza explicando la curadora de la muestra, Natalia Da Rold.
Esta muestra reúne la figuración espontánea, sencilla, directa, fluida de Cristóbal Peña y Lillo; donde no existen vueltas intelectuales: cada cuadro acompaña al otro con vital humor y un dejo de ternura. A su vez, se mixtura junto a lo abstracto como elección en Martín Villalonga: la mancha como punto de partida, de lo casual a lo voluntario. Cada obra es una historia, la conciencia como camino, la variedad como argumento.
Son dos artistas disímiles, con una constante en común: “la vitalidad”.
Artistas y curadora. Martín Villalonga, Natalia
Da Rold, Cristóbal Peña y Lillo.
Villalonga
Las obras de Martín Villalonga rozan entre la razón y la emoción. La mancha suelta como primera expresión, una aventura que culmina en el acto del razonamiento y el oficio.
Nada es azar en la abstracción del artista: hay un desarrollo. Lo inquietante o divertido es traducir la aparente dicotomía entre el conocimiento y la emoción.
Las obras reflejan el gusto, las tentaciones, las costumbres de la propia vida en donde la intuición juega una posibilidad más de conciencia.
A través de los colores, texturas, formas y ritmos el artista se sumerge en un destino desconocido mimetizándolos con el aire, agua, plasma, piedra, yuyos, ruidos y demás.
La pintura esta viva: nada esta quieto aunque cada forma tenga un lugar permanente en la tela. El diálogo esta abierto y es la forma que tiene Villalonga de establecer la comunicación: sintiendo, pensando, haciendo.
Macarena y Sol, encantadas con
la muestra.
Peña y Lillo
Líneas sinceras y espontáneas sobre colores puros, conviven constantemente en las obras de Cristóbal Peña y Lillo.
Los cototos como personajes de esta serie reflejan la energía y vertiginosidad de la ciudad. Su trabajo trasunta vitalidad, dinamismo y frescura. El grafismo gestual, uno de los ejes de su propuesta, se enfatiza con la mancha de color: rojos, amarillos, azules, blanco y negro.
Acaso en esta mirada despojada de prejuicios, pero a la vez agudamente inquisitiva de la cultura contemporánea, sea donde reside uno de los pilares por los cuales la obra del artista cautiva al observador. Con simpleza en los recursos y economía en su estética, la serie conmueve. “Su repertorio pictórico conforma un lenguaje de signos simples y esquemáticos”, explica Da Rold.
Finalmente Peña y Lillo recupera en sus obras el imaginario de su vida, de la emoción perdida cuando la confusión, el ruido y el caos avanza y lo invade todo. Sin intermediaciones teóricas, sus cuadros son un puente directo con el espectador.