Si bien el proyecto de Presupuesto 2018 refleja el elogiado gradualismo en el ordenamiento del sector público, esto obliga a mantener muy alta la presión tributaria y a apelar a un creciente endeudamiento. ¿Qué se arriesga con esto? Por un lado, seguir aumentando la deuda pública y por otro, mantener las causas que desalientan la inversión privada y la generación de empleos de calidad, destaca el último informe de la consultora Idesa.
Entre las muchas aristas que presenta el proyecto se destaca el de la deuda pública del Estado nacional: la mitad es deuda contraída con organismos públicos (Banco Central, ANSES, Banco Nación, etc.) y la otra mitad con agentes privados y organismos internacionales.
El gobierno argumenta que la deuda en manos de privados y organismos internacionales es baja en relación al pasado y en comparación con la región. Según datos presentados en el propio Presupuesto en el año 2017 la situación sería la siguiente:
En Chile el stock de deuda pública ascenderá a 25% del PBI y pagará en el año como costo de ese financiamiento un 0,4% del PBI.
La deuda de Perú equivaldrá al 26% del PBI y los intereses llegarán al 1,2% del PBI.
En Argentina la deuda -considerando sólo la contraída con privados y organismos internacionales- llegará al 29% del PBI y los intereses serán del 1,8% del PBI.
Argentina paga 4,5 veces más de intereses de deuda que Chile. ¿Por qué?. Porque el mercado impone tasas de interés muy altas debido a las políticas del pasado de deshonrar deudas, pero también por la incertidumbre que existe sobre el futuro.
Según Idesa, el Presupuesto 2018 subestima la magnitud del endeudamiento y el costo que generan las tasas de interés elevadas. Esto es consistente con la promocionada virtud de la gradualidad en el ordenamiento del Estado. Se pasa por alto que la contrapartida del gradualismo es mantener una presión tributaria asfixiante y promover un creciente endeudamiento. En esta argumentación se sobreestiman los beneficios del gradualismo (supuestamente evitar los "costos sociales del ajuste") y se minimizan los costos sociales del desajuste, que son, el cercenamiento de la producción y la creación de empleo por los altos impuestos reinantes y la generación de deuda muy costosa.
¿Cuándo la deuda "es sana"?
Según Idesa, lo es cuando se utiliza para financiar inversiones que contribuyen al desarrollo social y productivo. Pero en este caso se la utilizarla para financiar desajustes tiene asociados elevados riesgos y costos sociales. En este sentido es clave que en los próximos días, cuando el Congrese trate la pauta de gastos para el próximo año, haya aporte de ideas y sostén político a estrategias que contribuyan a acelerar el ordenamiento y la modernización del sector público.