Tanto comerciantes como expertos en consumo ven un futuro gris para el plan de "Precios Transparentes", los precios en general no bajaron, las ventas se retrajeron y hoy el 74% de los argentinos prefiere comprar en un solo pago.
El uso de las tarjetas mostró un desplome en febrero y casi ocho de cada diez compras se hicieron en un solo pago, mientras que solo el 4% eligió pagar a 12 meses. Lejos quedó la Argentina en la que la mayoría de las personas prefería atar sus consumos a las "cuotas sin interés" y especular con que con la inflación resultaba incluso más conveniente que el pago en efectivo.
El objetivo del ministro de Producción Francisco Cabrera, que fue planteado como una forma de quitarle el velo a una estrategia comercial instalada durante años por la que todos los clientes, sin importar la forma de pago afrontaba un costo financiero, provocó un aumento en los precios y liberar los intereses que pueden fijar los bancos.
El consumo sigue sin dar muestras claras de recuperación y los precios al contado bajaron solo un 10%, algo que los comercios chicos ya ofrecían a sus clientes, por el contrario, en cuotas se encarecieron un 20% y algunos del rubro electrodomésticos subió un 40%.
"En este sentido, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó que los comercios minoristas registraron en febrero una caída del 4% en sus ventas con respecto a igual mes de 2016", según iProfesional.
Mientras que de acuerdo con la Federación Económica de Mendoza, en la provincia las ventas minoristas cayeron por encima del promedio nacional, en un 4,89%.
A Mendoza se le suma la situación de "los paseos de compras en Chile", considerados por la FEM como "una sangría constante de consumo".
Debido a esto último, y con el inicio de clases cerca, el mes pasado los rubros que más cayeron fueron: Jugueterías y Artículos de Librería (-7,47%), Bijouterie (-7,19%).
También se observaron bajas en Joyerías y Relojerías (-6,95%) y Electrodomésticos (-6,24%). Por su parte Materiales para la construcción cerró con -5,17%.
Al igual que CAME, la FEM también registró problemas de poder adquisitivo que vienen arrastrando las familias y expectativas inciertas sobre el empleo.