Por la caída del precio del petróleo, las exportaciones de biodiésel retrocedieron 56% en el primer semestre del año. En el sector señalan que hay empresas paralizadas y otras que utilizan menos del 30% de la capacidad instalada, tras haber tenido un 2014 con un máximo histórico de producción.
Los datos se desprenden del último informe del INDEC sobre biocombustibles, y muestran que en los primeros seis meses de 2015 se exportaron 236.550 toneladas. En cambio, las ventas en el mercado interno aumentaron 30%, al totalizar 525.883 toneladas.
En 2014 se alcanzó un máximo de producción de biodiésel de 2,5 millones de toneladas, de las cuales se exportó el 64%, es decir 1,6 millón. Estas operaciones fueron traccionadas por la demanda en Estados Unidos y por ventas discrecionales a otros países. Sin embargo, el panorama cambió en 2015.
Víctor Castro, director ejecutivo de Carbio, que nuclea a las grandes productoras –como Bunge, Molinos, Cargill, Noble o AGD–, indicó que “es el peor primer semestre de la historia en cuanto a exportaciones”. Y estimó que los despachos al exterior rondarán este año las 900.000 toneladas, y el mercado interno demandará 1 millón. Así, por primera vez desde que nació esta industria, en 2008, se daría vuelta la ecuación entre consumo doméstico y exportaciones.
“Hay crisis: varias empresas grandes están paralizadas y algunas pequeñas están por entrar en concurso”, afirmó Claudio Molina, director de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno.
El declive del sector está vinculado a la baja en el precio del petróleo a partir de septiembre de 2014. El valor del aceite vegetal no cayó tanto como el crudo, lo que le restó competitividad. “Las exportaciones están complicadas por los costos de producción internos y porque la paridad con el diésel es negativa”, explicó Gustavo Idígoras, ex agregado agrícola ante la Unión Europea. Por otra parte, en 2013 la UE había aplicado restricciones a la importación de biodiésel de origen nacional por supuesto dumping.
El complejo productor argentino está compuesto a grandes rasgos por dos grupos: las grandes cerealeras orientadas a la exportación; y las pymes que venden al mercado interno, nucleadas en Cepreb.
A estas últimas el Gobierno les da una cuota de mercado para cumplir con el corte obligatorio en los combustibles de acuerdo a su capacidad de producción. Sin embargo, “el problema de este sector es que los precios no se actualizan desde hace cuatro meses, y no dan los costos”, afirmó Molina.
Según el sitio Surtidores.com la firma Colalao del Valle se encuentra parada, y H. Biocombustibles, Héctor Bolzán y Cía., Soyenergy y Piety están “en estado crítico”.
Otras compañías, como Viluco, Patagonia Bioenergía, Explora y United Bio también reciben un cupo del mercado interno, pero tienen mucha más capacidad de producción. En estos casos usan “un 50%, 20% y a veces 10%”, de su potencial, explicó Molina.
Y completó: “Cargill, Noble, AGD, Renova, Terminal 6 y Dreyfus son algunas que tuvieron un primer trimestre al mínimo”.