Proyecto amenaza exportaciones de transgénicos a Europa

La Unión Europea analiza una propuesta para que cada país del bloque disponga límites a la importación de productos genéticamente modificados. Protesta de Argentina.

Una propuesta de la Comisión que dirige la Unión Europea, que avanza para su tratamiento por el Consejo de esa entidad y el Parlamento Europeo, posibilitaría que cada Estado pueda decidir prohibir o restringir en su territorio productos genéticamente modificados, como las harinas de soja, de las que la Argentina es el primer exportador mundial. 

La medida podría afectar también a las exportaciones de maíz y grano de soja, que se exportan en menor cuantía hacia ese destino. 

La iniciativa provocó rechazos internacionales de varios de los propios países de la UE y de la Argentina (un altísimo porcentaje de la producción es transgénica, como sucede con Estados Unidos, Brasil y otros productores mundiales), por las consecuencias negativas. 

Hasta ahora, la UE había admitido internamente que sus miembros podían en sus territorios autorizar, prohibir o restringir el cultivo de organismos genéticamente modificados (como la soja y el maíz), pero permitía la importación para consumo humano y animal, la nueva propuesta asestaría un golpe importante a las exportaciones argentinas. 

En 2014 el principal importador de las harinas proteicas de soja de la Argentina fue Europa (28,6% del total exportado de ese producto), lo que equivalió al 16% de los ingresos aportados por el Complejo Oleaginoso (U$S 3,3 mil millones) y al 4,6% del total de las exportaciones del país. 

La iniciativa de la Comisión Europea, que expresa el proteccionismo latente del Viejo Continente, desecha las evidencias científicas y las evaluaciones de riesgo realizadas por el organismo de inocuidad alimentaria europeo (EFSA) para hacer prevalecer argumentos insólitos e intangibles, desde la moralidad y la seguridad públicas a la preservación de los vegetales. 

A poco de conocerse la propuesta, Estados Unidos, Canadá, Brasil y la Argentina la cuestionaron oficialmente. Para Washington significa también un potente freno a las negociaciones con la UE sobre comercio e inversión, destinado a plasmarse en un tratado de intercambio. 

Los reclamos surgieron también en diversas organizaciones y países europeos, porque la virtual discrecionalidad para obstaculizar la importación de proteínas transgénicas provocaría aumentos de precios, quiebras masivas de empresas de la cadena alimentaria y forrajes, y de ganadería, ya que la UE depende en un 75% de esas importaciones para generar alimentos para su población, puntualizaron en su momento las tres poderosas entidades (COCERAL, FEDIOL y FEFAC) que reúnen compañías europeas de los sectores afectados. 

De acuerdo con un estudio elaborado por Francisco Areal, de la Universidad de Reading, en el Reino Unido, la aplicación de esa iniciativa ocasionaría la "falta de abastecimiento de esa materia prima para la industria de fabricación de alimento balanceado para consumo animal (piensos), lo que provocaría un aumento en los precios a corto plazo del grano de soja y de la harina de soja de un 291% y 301%, respectivamente". 

La dependencia de la UE de la soja importada se explica en que la producción propia apenas constituyó el 0,4% de la producción mundial del año pasado (320 millones de toneladas), mientras que la de la Argentina equivale al 17%. 

El informe de Areal, de Reading, concluyó que, al incrementarse los precios de los insumos para forrajes (49% para alimento balanceado para vacunos) por la sustitución de soja transgénica, el costo de producción vacuna se incrementaría en un 4,6%, impactando en la suba de precios al consumidor. 

El mismo estudio subrayó que, durante el período 2000-2014, la importación por Europa de soja modificada genéticamente representó, en relación con la soja convencional, un ahorro de 55 mil millones de euros.

Fuente: Noticias Argentinas