En nombre de Bodegas de Argentina, entidad que tengo el orgullo de presidir, les damos nuestra más cordial bienvenida en tiempo de vendimia.
Tiempo que nos sirve para el balance, la reflexión, para analizar dónde estamos y definir el camino a seguir.
Bodegas de Argentina, como entidad gremial empresaria nacional, agrupa a más de 250 bodegas de todo el país, sus asociados representan más del 75% de todo el vino que se vende tanto en el mercado interno como el que se destina a la exportación.
Este año, para este Agasajo, nos recibe una bodega con una trayectoria de más de 80 años en esta actividad, reflejo palpable de los pioneros de la vitivinicultura en Argentina, inmigrantes europeos que venían solo con sus sueños a la América. Inmigrantes que nos legaron sus costumbres, su espíritu de sacrificio, sus ideales y lograron hacer que el vino fuera una bebida de consumo habitual en todos los hogares de nuestro país.
Nuestro agradecimiento a la familia Crotta, ya con más de 4 generaciones dedicadas al vino, por recibirnos hoy en su casa.
Este Agasajo se realiza por primera vez en una bodega de la zona Este de Mendoza, zona que contribuye con los mayores volúmenes a nuestra industria.
No vamos hoy a hablar de los problemas por los que está pasando la vitivinicultura, tema que ha ocupado abundante desarrollo en la prensa en los últimos meses y que ya todos conocen, problemas que, por otra parte, sufren la mayoría de las Economías Regionales de nuestro país.
En el último año hemos perdido 100 millones de litros de vino en ventas respecto al año 2013, si sumamos las caídas tanto en el mercado interno como en el externo. En el interno, estuvimos 4% menos y, en la exportación, 15% menos.
Después de un crecimiento notable, en la década del 2000, que nos llevó a posicionarnos como el 10° exportador mundial, con una participación cercana al 4% del total comercializado en el mundo, la pérdida de competitividad de nuestra moneda en lo que hace al mercado externo, sumado a la inflación y a las altas tasas para acceder al financiamiento en el mercado interno, nos han llevado a la actual crisis, la más seria para la vitivinicultura desde la década del 80.
No somos competitivos ni en el mercado interno ni en el externo. En el mercado interno, además, no tenemos control sobre los márgenes que aplican las grandes cadenas comercializadoras y, en el externo, sufrimos las devaluaciones de monedas de nuestros principales países compradores, como Canadá, toda la zona del Euro, Rusia y Brasil, que terminan encareciendo nuestros productos o, si facturamos en sus monedas, reducen nuestros ingresos.
El problema es muy serio y afecta a toda la cadena vitivinícola, desde el productor hasta las bodegas comercializadoras, pasando por todos los actores que están en el medio.
Lamentablemente debemos decir que en el pasado, en sucesivos Agasajos de la Vendimia, habíamos alertado sobre estos problemas, sin conseguir adecuadas respuestas por parte de las autoridades.
Todos estamos afectados, pero creemos firmemente que sólo un diálogo amplio y franco de todos los involucrados en esta actividad es, además de necesario, imprescindible, para alcanzar los consensos que nos permitan trabajar en una misma dirección, que consiga revertir este angustioso presente.
La vitivinicultura representa poco más del 1% del Producto Bruto Interno (PBI) de Argentina, pero las más de 400.000 personas que dependen directa o indirectamente de ella, hacen que seamos importantes para nuestros gobernantes.
¿Qué ha pasado en esta crisis con los Gobiernos Provinciales? Han hecho lo que han podido a nivel provincial, pero no se han encarado políticas que vayan al fondo de los problemas estructurales. Como ya dijimos, la competitividad y la inflación dependen de políticas nacionales, sobre las cuales no pueden o no está en sus prioridades actuar.
También debemos reconocer nuestros errores y creemos que debemos revisar el Plan Estratégico de la Vitivinicultura Argentina 2020, base sobre la que actúa la actividad organizada en la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), para adaptarlo a las necesidades y desafíos que tenemos hoy aquí y en el mundo.
Los empresarios, de ciudades grandes o pequeñas, los productores, los trabajadores de esta industria, somos antes que nada ciudadanos de Argentina, donde vivimos con nuestras familias, donde educamos a nuestros hijos y donde todos deseamos poder vivir mejor, donde tengamos posibilidades de desarrollarnos y progresar, en un marco de armonía y prosperidad.
Como empresarios debemos crear valor con una eficiente participación del trabajo y del capital. La riqueza que generemos se traducirá en un aumento de la actividad económica, de generación de puestos de trabajo y progreso para las comunidades en las que actuamos.
En un mundo cada vez más globalizado e interconectado, debemos para competir estar actualizados tecnológicamente, ser sustentables ayudando a la preservación del medio ambiente y desarrollar la creatividad que nos permita diferenciarnos y crecer.
Debemos pagar los impuestos y cumplir con las leyes. Es ético que las empresas generen utilidades que le permitan seguir invirtiendo y generando trabajo. El trabajo estable es el principal factor del progreso, la seguridad social y la dignidad humana.
Para todo esto necesitamos imprescindiblemente ciertas condiciones, ciertos principios y reglas sin los cuales lo mejor que podamos hacer no redundará en los beneficios esperados.