En 2011, las empresas de Brasil invertían 1.159 millones de dólares en Argentina y este año no superará los 200 millones. Conclusión: desde el cepo Argentina perdió el 82% de inversiones brasileras directas. Así lo describe un informe del diario La Nación, según datos del Banco Central do Brasil (BCB).
En el año en que Cristina Fernández de Kirchner fue reelecta como presidenta de Argentina, la inversión extranjera directa (IED) de Brasil en Argentina alcanzaba el pico de 1159,3 millones de dólares. Un año después se produjo una gran caída: pasó a 617,6 millones (-46,7%) y en 2013, 446,1 millones de dólares (-27,7%). Y en los primeros 7 meses del 2014 llegaron unos 71,9 millones de dólares.
Además el informe señala que Argentina perdió peso en términos relativos, ya que en 2011 la economía local absorbía el 4,9% de toda la IED brasileña; al año siguiente pasó al 4,5%; 2,4% en 2013 y 0,4% en el acumulado de enero a julio de este año.
A la hora de analizar las causas, Julia Wrobel Folescu, economista del banco Itaú Unibanco de San Pablo, consideró que "el mercado cambiario está reprimido por controles, lo cual dificulta el ingreso de capitales y el giro de dividendos de las empresas, sobre todo en aquellas industrias que dependen en gran medida de las importaciones".
En tanto que Mauricio Claveri, de la consultora Abeced, señaló que "en los últimos dos años creció mucho la intervención del Gobierno en la economía, con más control de costo, precio y rentabilidad a las empresas, lo cual generó incertidumbre en los inversores".
Mientras las inversiones directas brasileras en Argentina cayeron 80% desde 2011, en ese mismo período en Perú crecieron 73% y en Chile, 159%.
De las firmas brasileras que dejaron el país, el caso más notorio y que afectó a Mendoza es el de la firma Vale, a cargo del proyecto Potasio Río Colorado, en el departamento de Malargüe.
En marzo de 2013, la firma brasilera suspendió el proyecto Río Colorado, que dejó en la calle a unos cuatro mil trabajadores y en la nada un proyecto minero de casi 6 mil millones de dólares, que de concretarse hubiera convertido a la Argentina en uno de los mayores productores de potasio del mundo.
Entre las causas de su ida del país estuvo la preocupación por el aumento de los costos generados por la devalorización del peso argentino, que en 2012 rondó el 25%, según la inflación no oficial.