Con Argentina en recesión plena, un dólar paralelo en niveles récord, pérdida del poder adquisitivo por la inflación y una incertidumbre laboral que no ocurría desde el 2001/2002, una lucha de todos contra todos parece haberse desatado entre sectores de poder político y económico.
Todo matizado por el revés judicial de la Argentina ante la Justicia norteamericana en la causa iniciada por los fondos buitre, que por ahora dejó al país en cesación de pagos.
Este escenario explica en parte la ofensiva lanzada por el gobierno para tratar de frenar la escalada de remarcaciones, ante las cuales los "precios cuidados" poco han podido hacer.
El proyecto para endurecer las sanciones de la ley de Abastecimiento es una nueva herramienta que el gobierno puso sobre la mesa, y que podría ser aprobada por el Congreso en lo que resta del año.
Para las principales entidades empresariales, como la UIA, la Cámara de la Construcción y AEA, la iniciativa podría representar el "fin de las actividad privada en la Argentina".
El gobierno considera que detrás de la movida empresarial existe "mala intención" y que el sector privado ya habría hecho su apuesta por dirigentes de la oposición de cara al final de mandato de la presidenta el 10 de diciembre del año próximo.
Parece mucho, pero es muy poco en términos políticos, y tal vez por eso el ultrakirchnerismo salió a instalar la idea de "Cristina eterna", al advertir que será el único liderazgo que reconocerá a partir del 2015.
La otra pata de este clima caldeado son los gremios, que se encaminan a realizar un nuevo paro hacia fines de agosto. La medida de fuerza volverá a encolumnar voluntades entre la CGT de Moyano y la CTA de Micheli.
El metalúrgico Antonio Caló, en una difícil posición como líder de la central obrera oficialista, todavía asiste en primera fila a los actos en Casa Rosada y sigue alineado con el "modelo". Pero las bases le hacen cada vez más ruido, y los gremios tradicionales enfrentan la "competencia" de fuerzas sindicales enroladas en la izquierda.
El tiempo dirá cuál es el final de una historia que se tensa cada vez más con el correr de las semanas y el deterioro económico y social/José Calero.