El problema del biodiesel en Argentina

Presión impositiva, ruptura con Repsol por el caso YPF y precios actuales fijados antes de la devaluación de enero llevaron a que la industria funcione a media máquina y el país haya perdido el liderazgo mundial. En qué consiste la propuesta de la presidenta..

Con retenciones del 27,6%, la competitividad del biodiésel argentino es prácticamente nula. Las exportaciones en los dos últimos años cayó de 1,7 millones anuales a 1,1 millón de toneladas en ese período.

La crisis comenzó en abril de 2012 cuando España, que importaba la mitad del biodiesel argentino, puso un freno a sus compras en represalia a la decisión del gobierno de Cristina Kirchner de expropiar el 51% de las acciones de la petrolera YPF que estaba en manos de la española Repsol.

Además el Estado argentino elevó los impuestos de exportación del biodiesel, perjudicando aún más al sector.

Por otra parte, en cuanto al valor del producto, la Secretaría de Energía no actualiza los valores del producto desde noviembre del 2013, antes de que el peso argentino sufriera una fuerte caída frente al dólar.

En Argentina, la producción de biodiesel hizo su despegue en 2006 y se multiplicó por diez entre 2007 y 2012, como resultado de una inversión en infraestructura de u$s1.000 millones en cinco años. Los principales actores son las empresa estadounidenses Bunge y Cargill, Dreyfus, la suiza Glencore y las argentinas Molinos Río de la Plata y Vicentin.

Las exportaciones argentinas de biodiesel sufrieron el año pasado un fuerte freno respecto del acelerado crecimiento que mostraron durante los últimos años. De hecho, mientras que en 2011 los envíos al exterior habían crecido algo más del 23% en toneladas, de la mano de las compras españolas (+56%), italianas (+86%) y peruanas (+253%), en 2012 sufrieron una caída de -7%, principalmente debido a que Italia redujo sus compras en casi 76%, Perú compró 16% menos que en 2011 y España redujo sus pedidos en algo más del 4%.

Las ocho plantas de biodiesel más grandes de Argentina están operando hoy a menos de la mitad de su capacidad instalada.  

Dado que el mercado externo representa el 63% de la producción local (en toneladas) y que de ese total casi el 90% lo concentra el mercado europeo, las perspectivas para la actividad y para las inversiones en el sector no son muy positivas, según un informe de la consultora Abeceb.

Sin embargo, los productores más grandes están hoy en busca de nuevos mercados externos para compensar las dificultades que experimentan en el europeo, al tiempo que el aumento del cupo interno de corte del gasoil con biodiesel los está ayudando a vender parte de su producción localmente (aunque en rigor, las empresas más grandes participan poco en el mercado interno, éste más bien es abastecido principalmente por PyMEs).

En los últimos meses, la situación del sector se fue tornando más crítica. La mayoría de las Pymes están paradas. Una planta de 50.000 toneladas pierde unos 1.400 pesos por tonelada.

En noviembre último, España excluyó a la Argentina de su cupo de importación de biodiesel. Ese país importaba desde la Argentina biodiesel de soja por un valor superior a los 800 millones de dólares anuales.

Este mes, la Cámara Argentina de Biocombustibles (CARBIO) alertó que la Argentina perdió el liderazgo mundial en biodiésel ya que se estanca la industria por las elevadas retenciones.

La Cámara Argentina de Biocombustibles denunció el grave estancamiento al que se encamina esa industria a raíz, principalmente, de la elevada alícuota del derecho de exportación la que, junto con la imprevisibilidad en su fijación, traban las ventas al exterior.

Con las alícuotas móviles vigentes (27,6% para marzo 2014) la competitividad del biodiésel argentino es prácticamente nula, como lo demuestra claramente la ostensible caída de las exportaciones de los últimos dos años.

Al problema principal que es el alto nivel de la alícuota de derechos de exportación, se suma la imprevisibilidad en su cálculo, "ya que las alícuotas se están fijando al momento del embarque y no al de la concertación del negocio".

Por ejemplo, durante el pasado mes de marzo los contratos cerrados con una alícuota nominal de 22,7 % pasaron a abonar el 27,6 %, una alícuota inesperadamente alta que además quita competitividad al biodiésel argentino.

Por otro lado, la operatoria en el mercado interno se ve también seriamente afectada, ya que los valores actuales de los precios publicados para las empresas integradas no cubren los costos variables de producción y generan pérdidas en el ejercicio comercial.

La menor exportación de biodiesel impacta en un mayor excedente de aceite de soja, lo que ocasiona menores precios y una mayor capacidad ociosa, que actualmente asciende al 40%, todo lo cual genera un menor ingreso de divisas al país.

La reacción del Gobierno

La presidenta Cristina Kirchner anunció esta tarde un proyecto de eximición de impuestos para el biodiésel mientras se mantengan restricciones al ingreso de ese producto argentino en Europa.

“Estamos eximiendo del a alícuota del 22 por ciento para que no sea aplicable al biodiésel destinado a la generación eléctrica. Y eximiendo de la alícuota del 19 por ciento del impuesto a los combustibles líquidos”.

Esto no será permanente, sino que provisorio: "condicionado al tiempo mientras se mantenga esta restricción de la Unión europea", aclaró la presidenta esta tarde.

Mientras esto sucede -y para que cierren los números- los productores no quieren vender el combustible a un precio oficial que consideran demasiado bajo, por lo que la proporción de biodiésel usada en la mezcla con diésel es inferior al 5%, menos de la mitad del 10% obligatorio en Argentina, algo que incide en la calidad del producto.