Sin perder de vista que la última década ha sido de notable crecimiento económico, frente a los signos de agotamiento de este ciclo resulta pertinente una mirada en retrospectiva de los últimos 60 años.
Según datos de la CEPAL para el período 1950 – 2011 y de la publicación “Dos Siglos de Economía Argentina” de la Fundación Norte y Sur, relevados por el Instituto de Desarrollo Social de la Argentina (Idesa) se observa que:
· En los últimos 60 años, el Producto Bruto Interno (PBI) de la Argentina pasó de representar el 30% del producto de toda América Latina en 1950 a sólo aportar el 16% en la actualidad.
· Desde la recuperación de la democracia a la actualidad, la participación del PBI de la Argentina oscila pero se mantiene en el 16% del producto de América Latina.
· La decadencia persiste aún con términos de intercambio externos que en la actualidad son un 36% más altos que en los últimos 60 años.
Estos datos históricos ponen en evidencia el gradual pero sistemático proceso de decadencia de la economía argentina. En los últimos 60 años, la participación del PBI argentino en el producto de América Latina se redujo en un 50%. Esto no significa que el país no creció, sino que el crecimiento fue mucho más bajo que en la mayoría de los países de América Latina. Ciertamente que casi la mitad de los últimos 60 años estuvieron signados por las proscripciones, la intolerancia, la violencia y la lucha fratricida, donde la última dictadura militar fue el punto cúlmine. Pero en las tres décadas que transcurren desde la recuperación de la democracia, el mediocre desempeño económico y social no se revirtió.
La participación de Argentina en la economía de América Latina es similar a la que había en 1983, aun cuando la relación entre los precios de las exportaciones y las importaciones está entre las más altas de los últimos 60 años.
Todos los gobiernos constitucionales, desde 1983, tuvieron aspiraciones de refundación de la república, de perpetuación vía intenciones reeleccionistas y mucha irracionalidad en el manejo de la política económica. El actual ciclo político testimonia esta sumatoria de costosos errores políticos y económicos. La particularidad, en esta ocasión, es la sobrecarga de intolerancia, confrontación y violencia con la que se tiñó la convivencia ciudadana, destaca Idesa en su informe.