Gracias a los $2.500 millones que transfirió el Banco Central de la República Argentina (BCRA) y a los más de $700 millones que traspasó la Anses del dinero de los jubilados, el fisco argentino pudo mostrar un resultado primario positivo en el primer bimestre de 2013 de $1.020 millones. Sin esos fondos, el resultado fiscal primario hubiese arrojado un rojo de $2.196 millones.
Con cada vez mayor atraso, se dieron a conocer los datos del balance fiscal del segundo mes del año. Los mismos mostraron un resultado positivo, pero no genuino. Como suele pasar, el BCRA y la Anses jugaron un rol clave. De hecho, considerando el primer bimestre, gracias a los $2.500 millones que transfirió el BCRA y a los más de $700 millones que traspasó la Anses, el fisco mostró un resultado primario positivo de $1.020 millones. Sin esos fondos las cuentas hubiesen arrojado un rojo primario de más de $2.000 millones.
De cualquier manera, el déficit financiero no se pudo cubrir. Los guarismos oficiales marcan que, en los dos primeros meses del año, el negativo superó los $2.100 millones. Y las perspectivas no son alentadoras. El gasto tiene un piso y los recursos genuinos no vienen bien. En particular, no ayuda un dólar blue a $/US$10, señala Soledad Perez Duhalde, coordinadora de Análisis Macroeconómico de Abeceb.com
¿Qué pasó con los ingresos y gastos?
Los ingresos sumaron $99.497 millones y con ello indicaron un alza del 29,8% en la comparación interanual. 3,8 puntos porcentuales de esta tasa de avance fueron explicados por los recursos extraordinarios (adelantos de ganancias del BCRA + utilidades del FGS).
La realidad es que los ingresos tributarios aumentaron sólo un 20,2%, y al ser el mayor componente de los recursos, impulsaron a estos últimos fuertemente hacia abajo. Las contribuciones a la seguridad social, al sumar $37.617 millones mostraron un crecimiento del 32,5%. Pero el alto crecimiento de las rentas de la propiedad, que ascendió a 667,5% es lo que en definitiva empujó a la tasa de avance de los recursos. Este hecho habla de las debilidades que impuso la propia política económica. Las decisiones tomadas por el gobierno alteraron el esquema precios relativos, beneficiando a sectores como el turismo y las importaciones a costa de los sectores exportadores y de los salarios, que no terminan de ajustarse a la pérdida de poder adquisitivo. En consecuencia, la actividad se desacelera y cae la recaudación. Es así que, de no ser por los recursos extraordinarios provenientes de BCRA y ANSES la tasa de crecimiento de los ingresos hubiera sido menor (26%).
Por su parte, el gasto primario considerando enero y febrero creció un 30,7% con respecto al mismo período del año anterior y así alcanzó los $98.478 millones. Todos los conceptos del gasto crecieron fuerte. E incluso lo hicieron las erogaciones de capital.
Los desembolsos corrientes aumentaron un 27,9%. Se destacan las transferencias, tanto al sector público como al privado, que en su conjunto crecieron un 20,6%.
Las transferencias destinadas al sector privado se expandieron un 21,1%. Ayudaron a este aumento la Asignación Universal por Hijo y las demás asignaciones familiares, como también el aumento de las coberturas asistenciales administradas por el INSSJyP (PAMI). Pero en particular se destaca el aumento de las compensaciones y subsidios a usuarios de servicios públicos, tanto para transporte como para uso energético, que mostraron tasas superiores al 50-60%.
Los gastos de capital crecieron un 28,3%, impulsado principalmente por las transferencias de capital que registraron un incremento del 27,1%.
Por último, los ajustes automáticos previstos por la Ley de Movilidad de Haberes y las moratorias previsionales siguen impulsando a las prestaciones a la seguridad social. En los primeros dos meses del año marcaron un alza del 34,3% y explicaron así un tercio del crecimiento total del gasto primario.
Todo esto muestra la débil situación fiscal. Las fuentes genuinas de recursos se deterioran cada vez más y el gasto sigue creciendo fuertemente, escenario que hoy se mantiene sólo gracias a los aportes del Banco Central y de ANSES, lo cual no se logra sin incurrir en importantes costos, de manera que no representa una estrategia sostenible a largo plazo.