El Gobierno buscaría avanzar rápido con una corrección en el esquema de tarifas con el fin de achicar subsidios que rondan los 60.000 millones de pesos anuales y generan una fuerte necesidad de divisas para importar, generando al país "limitantes estructurales", según un estudio privado divulgado hoy.
El trabajo, de la consultora Ecolatina, alerta que "en los últimos años el sector energético llegó a una situación crítica", por un desequilibrio entre el aumento de la demanda y la caída de la oferta.
Esto responde a que la demanda creció en línea con el ciclo económico pero la producción de los principales insumos de la matriz energética viene cayendo año tras año, como lo alertó el grupo de exsecretarios de Energía que fue atacado en diversas oportunidades por el ministro de Planificación, Julio De Vido.
Ecolatina señaló que este escenario hace que "el crecimiento sea cada vez más vulnerable y dependiente de la capacidad de importar combustibles, más aún con actual déficit energético".
La producción de hidrocarburos se encuentra fuertemente ligada a los elevados precios internacionales por lo que se debe destinar una mayor parte del excedente agropecuario a la compra de combustibles.
Debido al retraso de las tarifas energéticas el peso de los subsidios al sector erosionan las cuentas fiscales.
El estudio considera que el país "no está en un callejón sin salida: se podría dar alivio y mejorar el horizonte hidrocarburífero en forma relativamente rápida si se otorgan señales de precios, lo que requerirá de una administración adecuada del consumo y medidas paliativas por parte del Estado".
La producción primaria de energía en la Argentina depende en un 90% de recursos fósiles (petróleo y gas), situándose en niveles muy por encima de la escala mundial (53%).
La importancia de los hidrocarburos dentro del sistema energético local es mucho más amplia ya que también dos tercios de la generación de energía eléctrica corresponden a fuentes térmicas.
En los últimos diez años las señales asimétricas (impulso a la demanda, desincentivo a la oferta) generaron un importante desfasaje.
En el caso de la oferta, las señales de mercado (precios al productor por debajo de los niveles internacionales) y los cambios en las reglas de juego desmotivaron la financiación de inversiones de carácter exploratorio en el sector energético, redundando en la mencionada caída de la producción de hidrocarburos.
Por el lado de la demanda, el congelamiento de tarifas a los servicios energéticos para contrarrestar los efectos de la crisis del 2001 se tradujo en un fuerte incremento del consumo de energía, lo cual obligó al Estado a subsidiar a las empresas prestadoras de servicios energéticos para mantenerlas operativas, garantizar los suministros y cubrir las diferencias en las cada vez más caras importaciones de gas.
La producción de petróleo viene cayendo desde 1998 y la de gas lo hace desde 2004.
La falta de exploración y el agotamiento de los pozos se refleja en la caída de las reservas de hidrocarburos.
La vida útil de los yacimientos de petróleo es de once años mientras que en el caso del gas son de siete años, valores que se ubican muy por debajo de los registrados apenas unos años atrás.
A lo largo de la década del ´90 las reservas aumentaron entre puntas mientras que desde 2003 cayeron 50% en el caso del petróleo y 12% en el caso del gas.
Esto muestra que en el primer período la producción se abasteció de los nuevos descubrimientos mientras que en los últimos años se fueron consumiendo las reservas existentes.
Esta crítica situación le genera al país limitantes estructurales. En primer lugar, se encuentra el problema de la Balanza de Pagos: como consecuencia de la creciente importación de combustibles (creciendo 22% por año entre 2000-2012), el déficit energético es cada vez más abultado (este año alcanzaría US$ 6.500 M).
Así, el continuo desfasaje entre producción y consumo de energía hizo que el país pasara de exportador neto (2000-2010) a importador neto (desde 2011) de combustibles (entre 1966 y 1989 el país fue importador neto).
El sector del petróleo y gas se encuentra atado a los precios internacionales que se mantienen en niveles elevados, debiendo destinar una parte cada vez mayor del excedente agropecuario a la compra de combustible que podría producirse localmente.
En 2005 se destinaba menos del 20% de las exportaciones de soja para importar combustibles mientras que en la actualidad las compras energéticas consumen más de la mitad del aporte del principal complejo agropecuario.
Ecolatina señala que sin correcciones sustanciales de tarifas en el futuro cercano, el peso de los subsidios será cada vez mayor erosionando las ya deficitarias cuentas fiscales.
Los subsidios destinados al sector energético alcanzan el 3,1 % del PBI, 60.000 millones de pesos.
"Se podría dar alivio y mejorar el horizonte hidrocarburífero en forma relativamente rápida si se otorgan señales de precios, lo que requerirá de una administración adecuada del consumo y medidas paliativas por parte del Estado", indicó Ecolatina.
La consultora estimó que el Gobierno "seguramente aplique correcciones a las tarifas en los próximos meses con el fin de moderar el incremento de los subsidios en 2014".
Pero advirtió que "esto por sí solo apenas servirá para ganar tiempo si no se acompaña con medidas que apunten a corregir las causas que generaron los desequilibrios de la economía en general y del sector energético en particular".
Gobierno busca subir las tarifas para reducir subsidios
La producción de petróleo viene cayendo desde 1998 y la de gas lo hace desde 2004. Los subsidios destinados al sector energético alcanzan el 3,1 % del PBI, 60.000 millones de pesos. A lo largo de la década del ´90 las reservas aumentaron entre puntas mientras que desde 2003 cayeron 50% en el caso del petróleo y 12% en el caso del gas.