Polémicas por las reformas del Gobierno al BCRA

El presidente del Bloque de Diputados de la Coalición Cívica ARI consideró que la reforma planteada por el Gobierno "está orientada a gastarse las reservas que quedan para pagarle a los bonistas".

Ex presidentes del Banco Central alineados en la oposición cuestionaron distintos aspectos de la rerforma de la Carta Orgánica de la entidad impulsada por el Gobierno nacional, al advertir que se podría generar una presión inflacionaria y que se apunta al pago de la deuda pública con
reservas.

"El progresismo de los Kirchner consiste en priorizar a los bonistas y al Club de París por encima de los asalariados", enfatizó Alfonso Prat Gay, al cuestionar la iniciativa.

El presidente del Bloque de Diputados de la Coalición Cívica ARI consideró que la reforma planteada por el Gobierno "está orientada a gastarse las reservas que quedan para pagarle a los bonistas".

"Como ya se gastaron 25.000 millones de dólares de reservas de libre disponibilidad hacía falta modificar la carta orgánica para continuar con la política de pagar deuda con inflación. El progresismo de los Kirchner consiste en priorizar a los bonistas y al Club de París por encima de los asalariados y ahora queda consagrado por ley", señaló.

Para Prat Gay, "paradójicamente, el articulado del proyecto es una consagración del sistema de metas de inflación que en los considerandos dicen aborrecer: eso sí, una meta mínima del 25 por ciento anual, porque ahora el Banco Central puede girarle utilidades ficticias y todas las reservas al Tesoro".

A su vez, Javier González Fraga consideró que "está bien eliminar los resabios de la Convertibilidad", pero se mostró preocupado por que el Gobierno crea que "el Banco Central puede financiar al Estado sin ninguna consecuencia".

"Justamente esa consecuencia es la inflación. En la carta anterior a la de 1991 le habíamos puesto como objetivo excluyente preservar el valor de la moneda. Me preocupa que estemos recorriendo el camino inverso", señaló González Fraga, quien encabezó el Central en los primeros años del gobierno de Carlos Menem.

El economista dijo que no está de acuerdo "con la represión monetaria", aunque rechazó que el Banco Central "deba ser una caja alegre abierta para financiar todo lo que el Estado le pida".

En tanto, Aldo Pignanelli, al frente del Central durante el gobierno de Eduardo Duhalde evaluó que es no tiene sentido el anuncio oficial de que se derogará la Ley de Convertibilidad ya que esa norma ya quedó sin efecto por completo.

Ayer, el Banco Central salió a aclarar que la Ley de Convertibilidad, en caso de que prospere un proyecto que impulsa el Gobierno en el Congreso, no será derogada, sino modificada, y remarcó que de cualquier modo, la indexación continuará prohibida.

Voceros de la autoridad monetaria se expresaron en estos términos después de que la presidenta Cristina Kirchner anunciara el envío de una propuesta oficial al Parlamento de la Nación para  poner "punto final a la normativa, que data de 1991 y se mantiene  vigente, más allá de que en 2002 un peso haya dejado de ser equivalente a un dólar.

El Banco Central indicó que el proyecto de ley del Gobierno busca modificar tanto la Carta Orgánica de esa entidad como la Ley de Convertibilidad, aunque en este último caso, se mantendrán sin cambios los artículos que prohíben la indexación de precios, impuestos, deudas y tarifas.

Se trata de los apartados 7 y 10 de la norma, los cuales "no son objeto de cambios" en la iniciativa que promueve el Ejecutivo nacional.

De este modo, el Gobierno busca darle más poder de regulación al Central sobre las entidades financieras, aunque en caso de prosperar el proyecto de ley, también podrá disponer con mayor facilidad de las reservas del banco.

Sucede que el kirchnerismo busca eliminar de la norma una cláusula específica sobre convertibilidad, que permitirá que el Central ya no esté obligado a respaldar la base monetaria con reservas, las que -por ende- quedarían liberadas en su totalidad.