Los juguetes sexuales importados desaparecen lentamente del mercado argentino. Las trabas a las importaciones dispuestas por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, en los papeles no alcanzan a estos productos. Pero quienes tienen un comercio de este rubro la tarea de llenar sus vidrieras es cada vez más complicada.
“Por suerte a mi se me ocurrió importar bastante el año pasado, por lo que este año por el momento no encuentro mayores inconvenientes. De todos modos, sí se que esa es mi realidad por la previsión que tomé; pero mi caso no es el mismo que el del resto del mercado. Es decir: yo no tuve problemas porque decidí no hacerme problemas; y si algún día me falta algo veré que hago”, sostuvo ante El Cronista Ana Ottone, la propietaria de los productos Sophie Jones, uno de los más reconocidos del mercado, y una de las poquísimas representantes del sector que opta por salir a opinar sobre estos temas.
La problemática que se empieza a vivir se da muy especialmente con todos los artículos que contengan silicona médica, por lo general provenientes de Alemania. Esa materia prima en la Argentina no se consigue, por lo que no estaría provocando conflicto alguno con la industria nacional.
Dentro de este segmento, lo mismo ocurre con muchos de los aparatos que incluyen algún tipo de tecnología, como los vibradores. En el país hay algunos proveedores que se dedican a este rubro, aunque, según dicen quienes comercializan los importados, los locales son de calidad inferior.
“Nosotros nos estamos quedando sin stock de algunos productos importados. Por ahora se trata de algunos casos particulares, pero si las complicaciones para importar se mantienen nos empezará a pasar lo mismo con mercaderías de otro tipo”, comentaron desde uno de los sex shop apostados sobre la peatonal Lavalle.
Pero la problemática no se da sólo en los juguetes sexuales. También alcanza a la lencería y disfraces eróticos.
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