Todo concluye al fin, nada puede escapar, todo tiene un final, todo termina". La canción de Vox Dei es el telón de fondo de un ciclo que los analistas dan por terminado. El esquema de dólar alto, que le aseguraba competitividad a las exportaciones y contribuyó a la recuperación y a la creación de empleo en la primera fase del kirchnerismo, dio paso a un nuevo modelo, en el que se pisa el valor nominal para contar con un ancla inflacionaria que no mueva el amperímetro de los precios más allá del 25% anual.
"El tipo de cambio no está atrasado y es competitivo", aseguró esta semana el diputado y ex vice ministro de economía Roberto Feletti, llevando la voz cantante de la posición oficial, que insiste en que la pesificación no tiene vuelta atrás.
Fuera del ámbito gubernamental, la opinión es otra. "El tipo de cambio estaba equilibrado en 20072008, pero ya pasamos esa etapa", dice Fausto Spotorno, economista del Estudio Ferreres. Y asegura que con la actual cotización oficial se perderán 16 puntos de competitividad este año (el resultado de restarle a la tasa de inflación el monto de la tasa de devaluación).
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