Sergio Marchionne se paseaba el mes pasado por el gigantesco taller de diseño de Chrysler Group LLC mientras inspeccionaba una versión moderna y compacta del Dodge Dart que pronto saldrá al mercado. De improviso lanzó una idea audaz: "Vamos a intentar quedarnos con algo de participación" en el segmento de autos pequeños, sentenció, mientras le daba una pitada a su Marlboro.
Hasta hace poco, una declaración así de parte del líder de Chrysler hubiera provocado estruendosas carcajadas. Durante una generación, la empresa y sus dos vecinas de Detroit, Ford Motor Co. y General Motors Co., cedieron el liderazgo de los vehículos de pasajeros a sus rivales japoneses. Conforme se dedicaban a fabricar camionetas y todoterrenos que satisfacían los gustos locales, producían autos que a menudo eran aburridos y a veces tenían años de atraso en cuanto a tecnología y calidad.
Al mismo tiempo, Toyota Motor Corp. y Honda Motor Co. empezaron a conquistar adeptos para sus autos de tamaño familiar y compactos —Camry, Accord, Corolla y Civic— y usaron esa base para sostener una expansión de 30 años que dejó a los fabricantes de Detroit al borde del colapso.
En América Latina y otros mercados emergentes, en cambio, Ford y GM se beneficiaron de la expansión de la demanda, lo que contribuyó a atenuar los embates provenientes de los mercados desarrollados.
Hoy, hay renovadas señales de que Chrysler, Ford y GM están de vuelta. Después de realizar penosas reestructuraciones —GM y Chrysler tuvieron que acogerse a la protección por bancarrota respaldadas por el gobierno— las tres automotrices de Detroit son rentables. En lugar de tener que dedicar grandes cantidades a financiar costos laborales y beneficios para jubilados, están invirtiendo en la ingeniería y el diseño de vehículos que pueden competir palmo a palmo con los mejores de la industria.
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