Lehman Brothers: tres años de negación

Muy poco ha cambiado en lo tocante a las realidades sobre el terreno o al debate intelectual sobre cuestiones económicas en los últimos tres años. Los bancos "demasiado grandes para derrumbarse" son mayores que nunca como resultado de las fusiones inducidas por la crisis. Ninguno de los ejecutivos que impulsaron y empaquetaron hipotecas fraudulentas ha ido a la cárcel.

Por Dean Baker*

Conforme nos preparamos a celebrar el tercer aniversario de la bancarrota de Lehman Brothers y la consiguiente crisis financiera, es buen momento de evaluar la situación y preguntarnos qué ha cambiado. La respuesta no es alentadora.
 
Muy poco ha cambiado en lo tocante a las realidades sobre el terreno o al debate intelectual sobre cuestiones económicas en los últimos tres años. Los bancos "demasiado grandes para derrumbarse" son mayores que nunca como resultado de las fusiones inducidas por la crisis. Los beneficios del sector financiero sobrepasan hoy la porción de las ganancias empresariales previa a la crisis, y los salarios y primas de los ejecutivos de nuevo alcanzan lo más alto de la burbuja. 


 
Ninguno de los ejecutivos que impulsaron y empaquetaron hipotecas fraudulentas ha ido a la cárcel. Hasta quienes se enfrentaron a demandas civiles, como Angelo Mozilo, de Countrywide, han salido sin duda adelante después de haber pagado grandes indemnizaciones para resolver sus pleitos.
 
Y los responsables políticos en la cumbre que nos guiaron hasta el desastre económico siguen estando estupendamente. Cuando el antiguo presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, no anda cobrando sus sueldo de siete cifras de Pimco [Pacific Investment Management Co.], el mayor fondo de bonos del país, comparte su sabiduría con el mundo en programas dominicales de tertulia matutina.
 
Y lo que es más importante, lo que se entiende que es su sabiduría ha sido escasamente cuestionado. Los bancos centrales de todo el mundo todavía mantienen como meta política principal, si no la única, un 2% de inflación. Actúan como si nada de lo que ha sucedido en el mundo pudiera conseguir que pongamos en cuestión esta política.
 
En cierto modo, se trata de un giro increíble en el curso de los acontecimientos. No obstante, debería haber sido completamente previsible. La misma gente que controlaba las palancas clave del poder antes del derrumbe siguió controlándolas después del derrumbe. Crearon una historia oficial y se aseguraron de que la gente oyera poco más.
 
En esta historia oficial, la causa del desfallecimiento económico fue la crisis financiera, la cual, a su vez, fue provocada por la proliferación de complejos instrumentos financieros, que, a lo que parece, visto retrospectivamente, nadie entendía por completo. Según este punto de vista, fue sólo la mala suerte lo que sorprendió a Greenspan, Bernanke y compañía. Puede que fueran abiertamente optimistas respecto a la autorregulación de los mercados financieros, pero nadie podía esperarse que sucediera algo semejante al maremoto financiero que siguió a Lehman.
 
De hecho, en la historia oficial se supone que hemos de dar gracias por no habernos visto inmersos en una segunda Gran Depresión. Si bien esta perspectiva resulta absurda a primera vista (la primera Gran Depresión fue resultado de 10 años de políticas fracasadas, no de errores cometidos al inicio), quienes ostentan puestos de poder y responsabilidad repiten sin parar esta idea una y otra vez. 
 
Resulta bastante perturbador que los ambiciosos de la industria financiera y sus apoyos del mundo de la política puedan devastar la economía y arruinar millones de vidas, y seguir manteniendo el control de la política sin sufrir ellos mismo apenas las consecuencias. Pero, ¿porqué tendríamos que esperar otra cosa?
 
Todos los aduladores de Greenspan en los medios de comunicación y el mundo de la política no iban a confesar el hecho de que habían estado rindiendo culto a un tipo que era un negado para los fundamentos de la economía. Por tanto, tenían todas las razones del mundo para perpetuar la historia del "imprevisible desastre". Lo mismo vale para la profesión de economista. Al fin y al cabo, al evangelio de Greenspan había sido objeto de amplia adhesión por parte de los gobernadores de los bancos centrales y quienes aspiraban a serlo en todas partes. La Reserva Federal dedicó su reunión de 2005 con los gobernadores de bancos centrales y economistas jefes a una retrospectiva consagrada a Greenspan. Debatieron si Greenspan era el mayor gobernador de un banco central de todos los tiempos. Esta camarilla había invertido ingentemente en la línea argumental de Greenspan.
 
Ni los economistas de altísimas credenciales ni los informadores de economía y negocios de los principales difusores de noticias podían decir que el tipo al que habían reverenciado tenía problemas con la aritmética básica. Porque dejemos esto de verdad, de verdad claro: tenía problemas con la aritmética básica.
 
Sólo hace falta saber aritmética de tercero de primaria para darse cuenta de que la burbuja inmobiliaria había crecido desmedidamente en relación a los fundamentos del mercado inmobiliario. No hubo explicación que pasara la prueba de la risa para el hecho de que el precio de la vivienda difiriese claramente de su tendencia a largo plazo y de los alquileres, creando una burbuja que llegó a un tope de más de ocho billones de dólares. Esto se podía advertir como mínimo en fecha tan temprana como 2002. 
 
Y era fácil ver que esta burbuja era la que impulsaba la economía, lo mismo empujando la construcción a niveles nunca vistos en el conjunto del PIB que llevando a un auge del consumo que deprimió la tasa de ahorro a cero. Nada había en la bolsa de trucos de la Fed que pudiera substituir el 8% del PIB (es decir, 1,2 billones de dólares) de la demanda impulsada por la burbuja cuya pérdida hubo de soportar la economía cuando reventó la burbuja inmobiliaria.  
 
Así pues, este desastre era previsible al ciento por ciento para quienes sabían aritmética; la única cuestión era el cuándo y la naturaleza exacta del proceso. Pero la historia posterior a la crisis la han contado casi enteramente quienes fueron responsables de la crisis. Y no tenían desde luego intención de confesar el hecho de que carecen casi por completo de la capacidad de pensar por sí mismos.
 
Esto significaba poner de relieve la crisis financiera y la complejidad de los CDS (credit default swaps), los CDO (collaterised debt obligations) y otros complejos instrumentos financieros...y echar tierra encima de la sencilla historia de la burbuja inmobiliaria. Hasta que los progresistas no tengan suficiente poder para imponer las sencillas leyes de la aritmética en los debates económicos, no podremos hacer progresos para influir en la política.  Por desgracia, la aritmética sigue hoy tan apartada de la economía como lo estaba antes de que se viniera abajo Lehman Brothers.

* Dean Baker es el codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR).