China también falsifica vinos de alta gama

Bolsos, relojes de lujo y grandes vinos franceses se venden en los mercados "truchos" chinos. El "Chateau Lafite" es una de las víctimas de este negocio. En los grandes establecimientos chinos y en las pequeñas tiendas se pueden encontrar botellas de Burdeos, Francia, con vino hecho a partir de agua edulcorada, colorantes y aromas artificiales. Está previsto que China se convierta en el 2014 en el sexto consumidor mundial de vinos.

Las copias de bolsos y relojes de lujo son una tarea facilísima comparada con las falsificaciones de grandes vinos, en especial los excepcionales “Grand Cru”, o al menos en apariencia, que inundan los mercados chinos.

Los vinos galos han sido las primeras víctimas de este negocio, que tiene predilección por el “Chateau Lafite”, muy conocido en China gracias a su tradición y refinamiento francés, así como a un nombre relativamente fácil de pronunciar publica hoy el diario La Nación.

Pese a que no cuenta con la cultura milenaria del vino, China se convirtió el año pasado en el primer cliente de la región de Burdeos (suroeste de Francia), duplicando sus importaciones e invirtiendo en seis castillos en los últimos tres años. “Es un consumo de imagen, nada que ver con el gusto”, explica a la AFP Romain Vandevoorde, un importador de vinos en Pekín.

Algunos chinos con poder adquisitivo pueden gastar hasta 50.000 yuanes (unos 5.400 euros) por un Chateau Lafite Rothschild 1982.

Uno de los síntomas de la creciente afición de los chinos a los vinos es la apertura de centros de cata y de formación.

Wang Li, que asiste a un curso en la escuela Easescent de Pekín, resume la simple relación que tienen los chinos con los crudos: los tintos son para los hombres y los blancos para las mujeres. “Un buen vino permite demostrar que tenemos un estatus social alto”, asegura Li. “Una gran marca y un precio alto son dos elementos importantes para el vino”, añade.

Pero China, el gran maestro de la imitaciones, también se ha lanzado a falsificar vinos, ofreciendo grandes gangas a los consumidores.

“Hay por todas partes, desde los más simples a las gamas más altas”, cuenta Vandevoorde. “Una gran parte de los crudos son falsos”, revela.

“Hay más (botellas de) Lafite 1982 en China que las que se han producido en Francia. Si se encuentra una en China, ¡hay que desconfiar!”, advierte.

Aunque los chinos solo beben un litro de vino al año por persona, está previsto que China se convierta en el 2014 en el sexto consumidor mundial de vino, un dato que augura un próspero futuro a las falsificaciones.

BOTELLAS DE BURDEOS

Es difícil evaluar las pérdidas que las falsificaciones producen al sector vinícola en China. La escala de precios está muy amplia: se encuentran botellas falsificadas desde 10 hasta 4.000 euros. En las ferias vinícolas, cada vez más frecuentes en el país asiático, los expositores chinos presentan sin vergüenza muchos vinos falsificados, copias, a veces, mal hechas.

En los grandes establecimientos y en las pequeñas tiendas se pueden encontrar botellas de Burdeos con vino hecho a partir de agua edulcorada, colorantes y aromas artificiales vendidos a precios baratísimos bajo la etiqueta de “grandes crudos” de 1983, cuando el valor de estos vinos es elevadísimo.

Además del gusto, que delata la autenticidad de los vinos, sólo pequeños errores ortográficos revelan a primera vista que se trata de una falsificación: “Chatelet Latour”, “Laffite” o “Lafitte”, unos detalles que difícilmente detecta un consumidor chino. Pero “hay copias muy bien hechas, generalmente se utilizan botellas de grandes crudos para rellenarlas”, explica Vandevoorde.

Las botellas vacías de buenos vinos se venden en internet. “Existen también mezclas que consiguen engañar a los mejores enólogos, muy buenas copias”.

Fuente: La Nación.