Una de las razones que explica el auge de la economía brasileña es un banco estatal que se encarga de que las empresas tengan toda la liquidez que necesitan. Ahora, sin embargo, este motor de crecimiento está chocando de frente con otro imperativo: el control de la inflación, destaca hoy una nota publicada en el diario The Wall Street Journal.
El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) anunció la semana pasada un préstamo de U$S1.600 millones, a una tasa de interés inferior a la del mercado, para ayudar a una compañía importante a construir una planta de celulosa. Dos días después, el banco central elevó la tasa de interés de referencia por cuarta vez en el año y la dejó en 12,25%, el nivel más alto entre las mayores economías del mundo.
Las acciones contrapuestas ponen de relieve el papel protagónico, y cada vez más controvertido, de BNDES, organismo que financia un amplio abanico de negocios, desde represas hasta puertos y adquisiciones corporativas.
Aunque el éxito de la mayor economía latinoamericana en años recientes ha sido ampliamente difundido, el papel jugado por los enormes préstamos estatales en ese éxito es menos conocido. Para entender la escala en la que opera BNDES basta mencionar que los créditos que otorgó el año pasado, solamente en Brasil, triplicaron la cantidad que el Banco Mundial prestó a más de 100 países durante idéntico lapso.
Los críticos de la entidad dicen que estimular la demanda en una economía que ya se expande a toda velocidad alienta presiones inflacionarias y no le deja más alternativa al banco central que fijar tasas altas, que castigan a los deudores y perjudican las exportaciones al fortalecer la moneda. El real ha subido casi 40% con respecto al dólar en dos años.
"El Gobierno está tratando de calentar y enfriar la economía al mismo tiempo", señala Marcos Mendes, economista que asesora al Senado de Brasil. "Las autoridades monetarias tienen pocas opciones, aparte de seguir siendo estrictas, cuando el gobierno continúa volcando dinero en vehículos como BNDES", indicó.
El debate sobre la política de BNDES se intensifica en momentos en que Brasil comienza a ver cifras económicas menos favorables. Los economistas han reducido sus pronósticos de crecimiento en 2011 a entre 3,5% y 4%, aproximadamente la mitad de la expansión del año pasado. La economía creció 4,2% en el primer trimestre frente al mismo período del año previo.
Aunque el desempleo se ubica en modesto 6,4% y sigue cayendo, la inflación en 12 meses se ha acelerado significativamente hasta bordear 6,5%, más de un punto porcentual por sobre la del año pasado. Los especuladores se han abalanzado sobre el mercado inmobiliario, generando alzas de dos dígitos en los precios de algunas ciudades y un acalorado debate respecto a la formación una posible burbuja. El precio de alimentos básicos como los frijoles y el arroz casi se han duplicado en los últimos tres años.
Luciano Coutinho, presidente de BNDES, defiende la entrega de créditos, diciendo que el organismo se limita a llenar un vacío dejado por el sector privado.
Debido a la historia de volatilidad económica del país, insistió, los bancos brasileños históricamente han sido renuentes a apostar al futuro con créditos de largo plazo. "O el BNDES provee la financiación o no hay financiación", aseguró.
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