Cuando el FBI anunció hace poco que los delitos violentos en Estados Unidos habían alcanzado en 2010 al punto más bajo en 40 años, muchos criminólogos quedaron perplejos. Desde el punto de vista económico había sido un año nefasto, y la opinión predominante -difundida durante décadas por los medios de comunicación- es que el desempleo y la pobreza están estrechamente vinculados a la delincuencia. La explicación es simple: cuando hay menos trabajo legal disponible, aumenta el "trabajo" ilegal, revela hoy una nota del diario The Wall Street Journal.
El economista Gary Becker, premio Nobel de la Universidad de Chicago, expresó su clásica formulación en la década de 1960. Sostuvo que el delito es un acto racional, cometido cuando la "utilidad esperada" por el delincuente supera a la de usar su tiempo y otros recursos en la búsqueda de actividades alternativas, como el ocio o el trabajo legítimo. La observación parece confirmar la teoría. Después de todo, los barrios con elevados índices de delincuencia tienden a ser aquellos donde también son altos la pobreza y el desempleo.
Pero durante mucho tiempo, ha habido dificultades con la noción acerca de que el desempleo provoca la delincuencia. Por un lado, la década de 1960, un período de crecimiento delictivo en EE.UU., se registró casi la misma tasa de desempleo que a fines de 1990 y principios de 2000, un período en el que la delincuencia se redujo. Y durante la Gran Depresión, cuando el desempleo ascendió a 25%, la tasa de delincuencia se redujo en muchas ciudades. Entre las explicaciones ofrecidas para este rompecabezas está la que señala que el desempleo y la pobreza eran tan comunes en ese tiempo que las familias se volvieron más unidas, se dieron apoyo mutuo y se mantuvo a los jóvenes bajo la supervisión de adultos, dado que podrían tener mayor propensión a conductas delictivas. En la actualidad, y dado que muchas familias son más débiles y los hijos más independientes, eso no tendría el mismo efecto.
Sin embargo, no fue lo que ocurrió cuando estalló la reciente recesión. A medida que la tasa de desempleo en EE.UU. se duplicaba, de 5% a casi 10%, la tasa de delitos contra la propiedad, lejos de aumentar, se redujo significativamente. Para 2009, el FBI reportó una caída de 8% en el índice de robos en todo EE.UU. y una reducción de 17% en la tasa de robos de automóviles en relación con el año anterior. Informes de grandes ciudades muestran cifras similares. Entre 2008 y 2010, la ciudad de Nueva York experimentó un descenso de 4% en el índice de hurtos y una caída de 10% en la tasa de robos de casas. Boston, Chicago y Los Ángeles registraron un declive similar.
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