En la actualidad existe una intensa discusión sobre la competitividad externa de la economía argentina. Sin embargo, para cualquier analista económico, en el presente nos encontramos con un nivel al menos 50% mayor al de la Convertibilidad, utilizando medidas de tipo de cambio real multilaterales que resultan más pertinentes que tomar el tipo de cambio bilateral con el dólar. Por lo tanto, si bien puede evidenciarse una tendencia a la baja en el indicador en los últimos años, su nivel dista de ser preocupante, según señala una nota publicada hoy en diario Página 12.
Una medida alternativa de competitividad externa, que resulta particularmente atractiva para evaluar la evolución del empleo, es el costo laboral por unidad de producto medido en moneda extranjera. En esta medida, los aumentos de salarios incrementan los costos, mientras que subas del tipo de cambio nominal y de la productividad laboral permiten disminuirlos.
Utilizando la participación de los socios comerciales en el comercio que incorpora el BCRA para el cálculo de su tipo de cambio real multilateral, de acuerdo con los últimos datos disponibles referidos al 2010, los costos laborales medidos en moneda extranjera para el promedio de la economía fueron prácticamente la mitad (53%) de su nivel de 2001 y 63% respecto del promedio de la Convertibilidad.
Contrastando con las miradas comunes de ciertos sectores del campo empresarial, en las que incrementos de los salarios reales suelen ser interpretados como sinónimos de pérdida de competitividad externa, la evidencia indica que en el período post-Convertibilidad se verificó un proceso de crecimiento de los salarios reales con bajos costos laborales.
La explicación de este comportamiento se encuentra en dos factores: el mayor nivel de tipo de cambio y el fuerte incremento de la productividad que acompañó el notable crecimiento del nivel de actividad. Nuevamente, a diferencia de ciertas miradas que permean en el sentido común, la productividad laboral de toda la economía (y del sector industrial) aumentó sensiblemente más en el período reciente que en los años noventa (4,0 vs. 0,7 por ciento, promedio anual).
Lo dicho hasta aquí no quiere decir que, en términos de los costos laborales, no haya sectores particularmente cómodos y otros en una situación de menor holgura. Para el promedio de la industria, el costo laboral representó en 2010 el 45 por ciento de su nivel de 2001 y 60 por ciento del nivel de la Convertibilidad. Sin embargo, tomando los precios internacionales y las ponderaciones en el comercio de cada rama en particular, se observa que los costos laborales de la industria siderúrgica o de la automotriz muestran caídas de más de 55 por ciento respecto de 2001, mientras que la reducción en las ramas textil o química es de apenas 10 por ciento. Esto muestra la gran heterogeneidad entre sectores e impone la necesidad de prestar atención a algunos de ellos, especialmente sensibles en términos de empleo.
En definitiva, en el presente no se observan problemas generalizados de competitividad sino situaciones particulares en algunos sectores que deben ser monitoreadas y atendidas. Por lo tanto, las recomendaciones que apuntan a un fuerte ajuste del tipo de cambio –hacia arriba– no parecen las más adecuadas. El potencial impacto sobre los precios, en particular de los alimentos, podría afectar negativamente el bienestar de los trabajadores y dificultar la administración de la puja distributiva.
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