Portugal, que se está quedando sin dinero y anda a la deriva en medio de una crisis política, pidió formalmente el miércoles un rescate financiero de la Unión Europea, convirtiéndose en el tercero de los 17 países que integran la eurozona en recurrir a sus pares en busca de ayuda.
El pedido, que se hizo en horas avanzadas del miércoles, es un momento humillante para Portugal, pero era inevitable. El país ha tenido dificultades para recaudar efectivo en los cautelosos mercados financieros y sus déficits persistentes están drenando las arcas estatales.
Hace dos semanas, el gobierno del primer ministro José Sócrates se desmoronó después de que su último intento por controlar el presupuesto de Portugal fue rechazado por el parlamento. Sócrates se había rehusado con tenacidad a solicitar un rescate financiero.
El miércoles, el jefe del gobierno dijo que el país no tenía opción. "Es hora de asumir la responsabilidad", afirmó en un mensaje televisivo. "Es en nombre del interés nacional que le digo al pueblo portugués que tenemos que tomar esta medida".
El pedido de rescate financiero pone a Portugal en una posición difícil: Sócrates saldrá del poder tras las elecciones a comienzos de junio. No está claro cómo se negociará el paquete de ayuda. En una muestra de unidad, el principal líder de la oposición, Pedro Passos Coelho, dijo que su partido respaldaba completamente la solicitud de ayuda.
Es improbable que Portugal eluda por completo el recorte presupuestario rechazado por su parlamento. Como precio de un rescate, la UE exigirá significativas medidas de austeridad.
La EU procesará la solicitud de rescate lo más pronto posible, dijo el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso. En una declaración, el funcionario "reafirmó" su confianza en "la capacidad de Portugal de superar las actuales dificultades".
El rescate de Portugal también será una prueba clave de la respuesta más robusta de Europa a la crisis de deuda soberana. El año pasado, los líderes europeos vacilaron durante meses antes de intervenir para salvar a Grecia con un paquete de 110.000 millones de euros, que incluyó un aporte del Fondo Monetario Internacional.
Buena parte de los últimos meses se ha consagrado a convencer a los inversionistas de que los países de la UE podían unir fuerzas rápidamente si volvía a asomarse una nueva crisis. Se creó un fondo de rescate temporal y se creará uno permanente en 2013.
Cuando resurgió la crisis a fines del año pasado en Irlanda, la maquinaria de rescate funcionó relativamente bien. Nuevamente con ayuda del FMI, Irlanda recibió 67.500 millones de euros, parte de ello proveniente del nuevo fondo de la UE.
Como consecuencia, España, a la que el mercado trataba de manera similar a Portugal (aunque no con igual severidad), ha tenido un desempeño relativamente bueno. A medida que la crisis se intensificó en Portugal, los inversionistas se libraron de deuda portuguesa pero conservaron la española.
Portugal no tenía más remedio que buscar ayuda. Sus reservas de efectivo, de 2.000 millones de euros al comienzo del año, están peligrosamente bajas. El 15 de abril tiene que pagar 4.200 millones de euros a inversionistas de quienes tomó prestado en 2005.
El gobierno parece tener suficiente dinero para hacer este pago, pero no suficiente para uno de 4.900 millones de euros que se vence el 15 de junio.
Una opción hubiera sido aguantar hasta las elecciones del 5 de junio recaudando dinero reiteradamente con la venta de pagarés del Tesoro a corto plazo, una medida transitoria que ya no podía continuar.
Ello quedó claro en una subasta de deuda portuguesa el miércoles: vendió 1.000 millones de euros en bonos del Tesoro a 6 y 12 meses, pero pagó un precio astronómicamente alto.
Fuente: The Wall Street Journal