Un ladrillo común y silvestre, como el que se adquiere en un corralón, vale apenas dos pesos.
A nadie se le ocurriría ahorrar a largo plazo comprándolos sueltos.
Pero si el término "ladrillo" se asocia a la compra de inmuebles, ahí la cosa cambia.
Y no es para menos. Como históricamente ha sucedido en el país, la inversión inmobiliaria concita el interés de todos los argentinos.
Más aún, en un escenario en el que el dólar está adormecido y no atrae sus miradas, como así tampoco los plazos fijos, que les ofrece una tasa que corre por debajo de la inflación real.
Dado que es una inversión de largo plazo y de características conservadoras, nada mejor para comparar su rentabilidad que medirla contra la evolución del billete verde y contra el interés que ofrecen las colocaciones en los bancos.
En este contexto, la pregunta obligada es cómo le fue al inversor que apostó al ladrillo -en un entorno inflacionario- en relación a aquél que, en este último tiempo, mantuvo su fiel costumbre de guardar sus dólares en el colchón o en alguna caja de seguridad.
Leer más enIprofesional.com
Ladrillo versus dólar: ¿Quién gana la batalla?
El Gobierno necesita mantener el billete verde “anclado” y ya dejó establecido su precio para este año. En la otra vereda, la cotización del metro cuadrado sigue su escalada alcista y analistas hablan de una suba de hasta 12%.